sábado, 25 de agosto de 2012

30

Uno de mis más antiguos recuerdos es cuando junto a mi hermano mayor caminábamos hacia la que sería nuestra primera casa, allá por la salida de Tronalagua.

Papá y Mamá se habían esforzado en aquella obra y aquel día finalmente dejábamos la quinta de la abuela.

Mamá arregló nuestras hilachitas en bultos que nosotros nos alzamos al lomo. Parecíamos vendedores de cobijas chapinas, pero en versión cipotillos de 3 y 5 años.

Nos mudamos carcajeándonos.


Junto a mi hermano Jaime. Foto tomada en junio de 1985.

Una vez, en la escuela, me caí en un charco. El lodo me llegó hasta las fosas nasales.

De campeón, pensé que no había problema y me fui a meter al aula. Ya me había lavado la cara, chis. La profesora cuando me vio aturró la cara y me mandó a bañar inmediatamente.

Cuando regresaba a casa con los colochos embadurnados chillé de bravo. La gente se reía al ver al niño llenó de lodo y lágrimas.

Un 24 de diciembre mi primera cuñada hizo que besara a su hermana.

Con mi novia teníamos 8 meses de andar y nunca, pero nunca nos habíamos besado. No sabíamos cómo, nos daba miedo.

Mi cuñada nos mandó para el parque Cabañas. Ahí frente al pueblo le dije a mi primera novia: “Mirá tenés algo aquí”, le agarré la quijada y nos besamos.

Recuerdo la dulzura de aquel beso y los cohetes de vara sonando ¡PUM! ¡PUM! Feliz Navidad.

Dicen que recordar es volver a vivir. A mí se me dibuja una sonrisa en la cara cuando me acuerdo de cosas como estas. Cosas que pasaron hace ya mucho tiempo.

No pude celebrar mis 30 en la casita de adobes. Lo que estoy por terminar es un BAÑO SECO sobre el que escribiré en mi próximo post.

lunes, 14 de mayo de 2012

Haciendo casa

Imaginarse cómo será la casa de uno da ansias. Uno mira algo que le gusta y dice “algo así voy hacer (o poner) en mi casa”. Es como ir componiendo un rompecabezas, pero al gusto del cliente. Yo me vine de Saint Vincent decidido a hacer la mía. Voy lento, pero hay voy. Como hormiguita de invierno, pero hay voy. No encontrar maistro de obra no me asustó. Mi lema es “No creo que sea tan difícil” (www.taishin.org.sv).


(Susurro) “Ahí va el muchacho colocho que está haciendo casa”




Willian el albañil buscándole "el rostro" a la piedra.

Lo primero que hice fue cercar el terreno con brotones de Jiote y Tempate. El cerco está bien chulo porque todos los palitos se pegaron. Bien me dijeron “es que este es el tiempo para sembrar ejos bolados”.

Luego hice los cimientos de la casa  porque “una casa sin cimientos es como un árbol sin raíces”. Para esta ardua labor me ayudó el primo René y un albañil aficionado a “12 Corazones”, “Quien quiere ser millonario” y “Trato hecho”.

Hicimos unos grandes zanjos y los rellenamos con piedrotas y concreto. “Han quedado tan fuertes como para una casa de dos plantas”, me ha dicho mi maestro de albañilería.

Haciendo los cimientos estaba cuando me percaté que no podía hacer una casa sin agua. Digo con agua propia y de preferencia en el lugar.

Me eché esa otra misión con unos vecinos: Chevo el inmigrante y el hermano Tito. Chevo cortaba melones en Mendota (California) y Tito salió del penal convertido al evangelio. Los contraté de inmediato.

Al segundo día me dijeron que mejor les pagara por tarea. Como así les pregunté, chis. Puesi por tarea, me dijo, por siete metros de zanjo tantos dólares, o sea el pago de un día, pero si termino la tarea antes, pues me voy antes, chis, me respondió. 

Volvimos hacer zanjos. Conectamos cañerías. Me estrené como fontanero y aunque aún no he abierto el grifo, sé que ya tengo agua, siento esa satisfacción. Porque cuesta tener la agüita en la casa. Es un lujo en este planeta que debemos tomar con responsabilidad.

Ahora estoy haciendo los adobes de mi casa modelo TAISHIN. Las lluvias no me ayudan porque se lava la tierra y sin sol no se secan mis adobes… Lo que le digo a la gente es que “hoy ya me subí en el macho” y que espero celebrar los 30 en casa.

domingo, 8 de abril de 2012

Bequia

Mi lugar favorito en Saint Vincent and the Grenadines se llama Bequia. Se pronuncia “Becuey” y es la isla granadina más grande. Sueño con volver a aquellas playas de arena dorada.

Las playas de Saint Vincent no son tan paradisíacas como las de las granadinas. Muchos ni siquiera llegan a Kingstown. Se van directo a Bequia, Mustique, Canouan, Mayreau o Union Island.

M.I.A. estaba hospedada en Bequia. Aquel jueves en la noche la encaminamos en el speed boat “Beep Beep”. Saltando entre las olas, y a más de 80 kilómetros por hora, llegamos en apenas 15 minutos.



Desde Kingstown hay ferri hasta Bequia. Un viaje round trip cuesta alrededor de EC$ 30.00 (unos $12.00) y tarda aproximadamente una hora. El barco es cómodo pero todo el viaje baila el ritmo del mar. Si uno se marea con facilidad hay que ser prevenido.

Al llegar a Bequia se respira turismo. Ventas de ropa, bikinis, sombreros, cocos… Los mejores hoteles, restaurantes y bares del país están en esta isla. Hay muchos yates anclados cerca del Port Elizabeth. Son europeos y gringos retirados que tienen años viviendo en esos barquitos full acondicionados.

Unas cinco mil personas viven en la pequeña Bequia (18 km2). Una de las playas más concurridas es la Princess Margaret, excelente para navegar, bucear o hacer snorkel.

Muchos artistas han hecho de Bequia su residencia. Eventos culturales como festivales de jazz o exposiciones de arte visual no tienen eco en Kingstown pues Bequia es la capital cultural del país.



Aquella noche mientras navegaba rumbo a Bequia con mis amigos millonarios me sentí afortunado por vivir aquellos lujos sin pagar un centavo. “Es lo que me toca vivir”, pensé y lo asumí como tal.

Llegamos a Bequia entre 10 y 11 de la noche. Anclamos el speed boat en el muelle de un lujoso bar donde tomamos Sunset con jugo de frutas.

Un rasta vicentino me pidió que le comprara un coco. Bueno eso fue lo que entendí. Por mi ebriedad ya casi no le atinaba al vincy. Él quería dinero para seguir bebiendo y solo tenía para ofrecer un pequeño coco. Yo le dije “me na no money” pero él siguió insistiendo. Al final me lo regaló. El coco apareció en casa la mañana siguiente.

Antes de la media noche, M.I.A. se despidió. “See you later”, nos dijimos y nos besamos los cachetes. Con Sophie y su novio regresamos al speed boat para poder volver a casa.

Las estrellas, el mar, el ruido de los motores y gritar a todo pulmón es algo que jamás voy a olvidar. Conocer a M.I.A. fue muy alegre, pero se queda pachito con ese sentimiento de libertad vivido al final de aquel jueves.

Así terminaron mis aventuras de mochilero y mis Caribbean Days. Ahora nuevas experiencias me deparan en mi paisito. Espérenlas.