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miércoles, 12 de noviembre de 2025

Dominicana

Vuelvo a este blog como a un refugio para escribir lo que pienso sin tapujos sobre algo, la mayoría de veces sobre lugares que visito. Hoy nuevamente llega el turno de un destino caribeño: la República Dominicana.

Claro que les voy hablar sobre las hermosas playas y sobre la historia de la llegada de Colón, pero también quiero platicarles sobre la discriminación y el racismo que percibí con sus hermanos haitianos.

Santo Domingo al amanecer desde Plaza Paseo 27.

Anacaona tiene 15 años, es una jovencita taína que disfruta la vida en su amado hogar: Quisqueya (madre de todas las tierras). La muchacha debe haber estado pelando yucas cuando todos abrían grandes ojos con aquella novedad, hombres blancos y vestidos, hediondos me imagino también, desembarcando de tremendas naves. Se los imaginaron como seres sobrenaturales que engalanaban con su visita.

Se trataba nada más y nada menos que de don Cristoforo Colombo. Era inicios de diciembre de 1492, debe haber sido en lo que hoy se conoce como Puerto Plata, al norte del país y frente al mar Atlántico.

El asombro fue tal que los taínos les dieron la bienvenida. Algunos dudaban, como Anacaona que veía en los ojos de aquella gente más la ambición que la amistad.

Pero los navegantes llegaron para quedarse, ellos habían encontrado lo que buscaban: el nuevo mundo. Al chile se instalaron en lo que conocemos como La Española, la isla en el mar Caribe que comparten Dominicana y Haití.

Aunque resistieron con honor, los taínos cayeron ante la pólvora de los invasores. La princesa Anacaona luchó incansable hasta el último segundo. Aquella raza valiente que sobrevivió fue esclavizada y obligada a trabajar en minas de oro. En apenas 40 años habrían desaparecido casi por completo a causa de la opresión, el trabajo forzado, el hambre y las enfermedades.

Monumento a los héroes de la Restauración
en Santiago de los Caballeros

Por su velocidad y omisión de letras el español dominicano es, al menos para mí, difícil de entender. Había leído respecto a muchos aspectos de la isla antes de mi llegada así que me sentí confiado al aterrizar. Su moneda oficial es el peso dominicano, a la fecha que escribo se necesitan al menos 60 de esos para comprar un dólar.  

El país mide más de 48 mil kilómetros cuadrados y tiene aproximadamente 14 millones de habitantes, si lo comparamos con El Salvador, Dominicana es el doble tanto en territorio como en población. Solo Cuba es más grande que Dominicana en todo el Caribe.

Su bandera parece pirata, una cruz blanca divide el rectángulo en cuatro, dos rojo bermellón y dos azul ultramar. Lleva en el centro la Biblia abierta y encima una cruz, y sí, poco más de la mitad de la población se dice católica.

Dominicana lleva el tema del catolicismo desde su origen. Colón habría elegido ese nombre en honor a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden de los Dominicos.

Catedral primada de América.

Pero bueno, hablemos de playas, recordemos que este país tiene costas tanto en el mar Caribe como en el océano Atlántico. Y sí, son bonitas, el mar es calmo y la arena parda. El agua es tibia y un chin más salada que las aguas del Pacífico.

Las voy a enumerar desde la que menos me gustó hasta la que más. Aunque debo decir que ninguna supera a la playa Princesa Margarita en Bequia, una isla granadina en las Antillas menores.

Tuve mala suerte en Boca Chica, la playa más popular de Santo Domingo. Llegué en día de sargazo, una alga marina que se reproduce sin control e inunda las playas de materia marrón. Sin embargo la playa me demostró que tiene su encanto. Por la tarde se estaba llenando de vida.

La última playa que visité fue Las Terrenas, en la península de Samaná, encontré un mar sabroso que me permitió nadar al son de sus olas. Diez de diez para Las Terrrenas, recomendada por al menos cinco dominicanos. No falló pero tampoco fue mi favorita.

Las más bonitas en cuanto a aguas cristalinas fueron las de Puerto Plata. Cabarete era mi destino desde antes de salir y no decepcionó para nada. Pero en Sosúa nadé con los peces y eso no tiene nada que lo pueda superar.

Por si están con la duda a Punta Cana no fui
y no me hizo falta.

Puedo decir que en Dominicana gocé del mar, que es lo que quería. Mientras disfrutaba también pude notar un fenómeno migratorio singular, muy parecido a lo que pasa en Perú con los venezolanos, y es que en Dominicana ser haitiano es sobrevivir en un lugar donde no te quieren.

La historia sobre dos países compartiendo una isla es compleja. Se independizaron al igual que Centroamérica allá por 1800, pero luego Haití invadió Dominicana y dominó su territorio durante 22 años.

Más recientemente sabemos sobre la relación de estos hermanos a través de obras como “El Masacre se pasa a pie” de Freddy Prestol Castillo donde describe la matanza de haitianos a manos de reos dominicanos por orden del dictador Trujillo.

En la actualidad al menos un millón de haitianos viven en Dominicana, la mayoría son obreros, sus salarios son bajos y se la pasan huyendo de migración. Un vigilante de un hotel en remodelación en Boca Chica me cuenta que la autoridad detiene a los haitianos indocumentados, les quita el dinero y los abandona en carreteras.

Una joven con descendencia haitiana se queja del estigma por su color de piel, sus rasgos o el mínimo acento patois, el criollo francés que manda en Haití. En todos lados se percibe la discriminación. Ver ese rechazo y tratar de entenderlo es algo que me conmueve todavía.

Se dice que Haití es el país más pobre de Latinoamérica. Y me imagino que si hay que salir lo más fácil debe ser saltar la cerca del vecino. Son 250 dólares lo que cobran los coyotes para pasar a un haitiano hasta la república Dominicana. Sin duda hay que seguir discutiendo este tema, yo por el momento me quedaré por aquí.

Y bueno, ahora que les puedo hablar con propiedad sobre este país quiero recomendarlo. A mí me fue muy bien y no dudo que si tengo oportunidad volveré a sus frescas aguas y a su ardiente sol. Cuídense y anímense a compartir este post o a dejarme un comentario. Salú. 

domingo, 5 de junio de 2022

Lívingston

Este blog mochilero te lleva nuevamente a las costas del mar Caribe, ahora un poco más al norte centroaméricano hasta Lívingston donde vive mi tío Adolfo en medio de la selva tropical, en el lugar más húmedo y lluvioso de Guatemala. Este artículo brinda alguna información necesaria si vas a este destino turístico lleno de cultura y belleza natural.


Playa de Quehueche


Bueno para comenzar explicar cómo se puede ir desde El Salvador. Si es desde Sensunte por ejemplo lo mejor es salir a la Longitudinal hasta Metapán, por Anguiatú. Desde San Salvador quizá sea mejor salir por carretera a Santa Ana hasta Candelaria de la frontera vía San Cristóbal.

Pude pasar sin problemas a Guatemala con permiso para 30 días únicamente con mi DUI y mi carnet de vacunación covid19.

Con vehículo propio o rentado no se necesita más que su documento en regla. Desde Sivar también hay buses que van hasta Petén y te pueden dejar en un desvío conocido como La Ruidosa. Luego habría que tomar un autobús hasta Barrios que está a unos 40 minutos.

Volviendo al carro, una vez en Guate se busca una carretera que le dicen del Atlántico, esa te lleva recto hasta Puerto Barrios, capital del departamento de Izabal. Se trata de una carretera llena de furgones que se dirigen al principal puerto de la costa atlántica guatemalteca así que mucho cuidado con ellos.

En Barrios se deja el carro en algún parqueo privado porque a partir de ahí el camino es vía marítima.

En el muelle municipal se disponen las lanchas que sirven de transporte público y que diariamente trasportan pasajeros a destinos como Lívingston, por $5 y en 35 minutos, o incluso Punta Gorda, en Belice, por $50 y en poco más de una hora.


Localización de Lívingston en Izabal

Una vez en las estrechas calles de Lívingston te tienes que mover a pie, en bicicleta o moto; es conveniente además tener el número de un mototaxi, ellos te llevan a donde quieras por apenas dos coras y con la adrenalina de siempre.

Lívingston con una población de más de 80 mil habitantes, la mayoría de ellos de etnia garífuna, es un pueblo caribeño con tintes chapines donde deambulan turistas europeos.

Mi tío, después de vivir mucho tiempo en Belice trabajando como pescador de langostas, se instaló en Lívingston hace unos 20 años y ahora es el síndico de la municipalidad. Ya no bucea para vivir, se dedica a la ganadería una de las principales actividades productivas del municipio, los morenitos le llaman “Lechero”.


Mi tío es un agricultor curioso y amante de las plantas exóticas


En cuanto a la playa, pues bueno yo vengo de estar en Bequia y no hay otro Caribe que me sorprenda más. En Lívingston el mar es calmo y la arena clara. El agua tiene un tono marrón debido quizá a las constantes lluvias de la zona, pero es tibia y agradable.

Conocí y recomiendo “Siete altares” unas pozas de refrescante agua que desemboca en el mar. Hay que ir en lancha o caminar por la playa unos 30 minutos, al llegar el Carnal les vacunará con tres dólares por entrar a su propiedad.

“Ustedes entran gratis raza”, nos dijo el host, beneficios de andar con el tío, quien también nos llevó a comer muy rico al restaurante El Viajero y a una emocionante tarde de tirolesa en el ecoparque Temanit maya.

Ya fui dos veces a Lívingston y volveré a ir cuando pueda porque me encanta el viaje y el destino, mucho más cuando el tío Adolfo, su esposa Nineth, y sus hijas Kelly y Kenia me hacen sentir en casa.

Si leíste hasta aquí has ganado un vasito con atol chuco que puedes reclamar cuando me veas en las calles de Sensunte. Salú.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Reparation

Redemption, que se traduce al español como Redención, no es una palabra común en mi vocabulario. La he oído quizá en rezos, cuando se clama al Redentor, pero aun así me suena extraña, como a herramienta. Al googlearla el buscador me sugirió ir por el significado.

La referencia es “librar a alguien de una mala situación o dolor”. Otros significados hablan de recuperar algo que se había perdido, de cautivos y de libertad de esclavos.

Ahí me di cuenta porque esa palabra no está en mi imaginario. La idea de esclavitud no está marcada en mí como en los caribeños. Aquí se resiente ese doloroso pasado contra los ancestros y ahora se intenta procurar justicia en beneficio de sus futuras generaciones. Pasar de la Redemption a la Reparation.

Kindergarten in Kingstown. 
En St. Vincent las palabras Emancipation, Redemption y sobre todo Reparation se han puesto de moda últimamente.

El uno de agosto está marcado en el calendario de San Vicente y las Granadinas como feriado: Emancipation Day. Ese día cayó jueves y nadie fue a trabajar. Sugerí un “puente” pero aquí no existe eso.

En este contexto tendrá lugar del 15 al 17 de septiembre en Kingstown la Primera Conferencia Regional sobre Reparación. 

En la reunión se debatirá sobre la estrategia para conseguir una “reparación”, de parte de Reino Unido, por la esclavitud y el genocidio de nativos durante la conquista y colonia. Sí, así como lo lee, una Reparación.

Se calcula que más de 12 millones de africanos fueron traídos como esclavos al nuevo mundo y se sabe que, antes de ser descubierta en el siglo XV, esta isla ya era habitada por nativos, quienes la llamaban Hairouna, que humildemente significa “Tierra de las bendiciones”.

De alguna manera u otra, St. Vincent fue colonia británica por más de 200 años (1763-1979).



Tomando en cuenta considerables diferencias, podríamos hacer la siguiente comparación. Si El Salvador ahora celebra 192 años de independencia, St. Vincent va a celebrar en octubre 34 años!

A diferencia de El Salvador, que es una República presidencialista, en St. Vincent la forma de gobierno es una monarquía constitucional.

En 2007, a través de un referéndum, se intentó cambiar la forma de gobierno a presidencialista, pero no se consiguieron los votos necesarios.

Canadá y Australia también son monarquías y al igual que St. Vincent y muchas otras islas del Caribe comparten como jefa de estado a Elizabeth II, quien aparece en las monedas locales de cada país.

Desde 2001 a la fecha, el primer ministro, quien viene a ser como el presidente, es Ralph Gonsalves, un político de centro-izquierda muy cercano a Caracas y La Habana.



No sabría evaluar la influencia inglesa en St. Vincent. Lo que está a la vista son los carros con el timón a la derecha y los jubilados británicos que vienen a vacacionar. Muchos se terminan quedando.

Los intelectuales y académicos involucrados en la Comisión de Reparaciones creen que hay condiciones suficientes para hablar de una auténtica Reparación.
  
Uno de los protagonistas en este proceso es el profesor Sir Hilary Beckles, de la University of the West Indies, quien presentó recientemente en Kingstown su libro “Britain’s Black Debt, Reparation for Caribbean Slavery and Native Genocide”.

Según el académico, el comercio de esclavos habría sido un negocio floreciente hasta su abolición en 1834, hace 179 años. Serían los caribeños de ahora, la quinta generación después de los seres humanos que fueron esclavizados.

La Reparación está recargada en Reino Unido porque fueron ellos los pioneros del comercio con esclavos, quienes más tenían en 1834 y quienes produjeron mayores ganancias.

Lujosas mansiones se construyeron en Reino Unido con fortunas hechas mediante el comercio de esclavos en el Caribe. Como la mansión Harewood. Al terminar la esclavitud, los Harewood era la familia que más personas tenía bajo su dominio. 

Beckles apela con energía el hecho que los ingleses hasta ahora han dicho que lo lamentan, pero que no se van a disculpar. Que si ellos son desarrollados es porque tienen cultura y si el Caribe quiere desarrollo debe ir también por su cultura.

En su libro, el profesor se refiere al enriquecimiento criminal de la familia real, las familias élites, los bancos, el gobierno y la iglesia británica. “Familias y entidades que nunca han dejado de ser las mismas”.

Una población insana y analfabeta es la herencia de la esclavitud para los caribeños. Estudios señalan que un 60 % de los mayores de 60 años padecen enfermedades crónicas y que el analfabetismo no se redujo al ritmo esperado.


El profesor Sir Hilary Beckles. Foto de Searchlight Newspaper.
En sus declaraciones finales, el académico dijo que el CARICOM se debe unir en este tema y que se deben establecer en cada país comisiones que empujen esta Reparación, que en todo caso debe llegar con cara de desarrollo.

Redemption es librarse de lo que no va bien. Lograr una verdadera independencia. Feliz mes.


Thirty-nine Men, Fifteen Boys, Twenty-four Women and Sixteen Girls…
just arrived…
from Sierra Leon.

jueves, 25 de julio de 2013

Santa Lucha

Algo que me preguntan bastantito es dónde exactamente está la isla donde vivo. Hasta ahora no he convencido a muchos con la ubicación que brindo verbalmente.

- En las Antillas Menores.
-Mmm...

No, si yo tampoco conocía mucho eso de las antillas. Ahora sé que las hay Mayores, que son las que uno medio conoce: Cuba, República Dominicana, Haití, Jamaica, Puerto Rico y que hasta allá abajo está Trinidad y Tobago.

Sabía de las otras islas pequeñas por ahí y por allá, pero nada muy relevante, nomas que eran unos paraísos caribeños para gente con plata.

Pues Antillas Menores se les llama a un montón de islitas, del tamaño del departamento de Cabañas, que están regadas entre la Perla y Trinilandia.

En el mapa estas islas dibujan una medialuna que mira hacia el Mar Caribe y le da la espalda al Atlántico

En ese pedazo de Caribe hay al menos siete países y siete territorios que son llamados de “ultramar” o “no incorporados” a algún otro país.

Los países son 1. Antigua y Barbuda, 2. San Cristobal y Nieves, 3. Dominica, 4. Santa Lucía, 5. Barbados, 6. San Vicente y las Granadinas (donde vivo) y finalmente 7. Grenada.

Paréntesis. Yo me lo he pensado... esas Granadinas quizás todas eran de Grenada, pero alguien quiso quedar bien con el santo y le regalo unas.

Las Granadinas son, entre este grupo de islas, las más pequeñas. Bequia, la más cercana a  mí, mide apenas 18 kilómetros cuadrados.

Están ubicadas entre las islas de San Vicente y Grenada, entre las que, en algún momento de la historia, se repartieron las mentadas Granadinas.

A saber como también fue la repartición de los ahora “departamentos de ultramar” que aun tienen por estos lares Reino Unido (1. Islas Vírgenes Británicas, 2.Anguila, 3.Montserrat), Francia (4. Guadalupe y 5. Martinica), Países Bajos (6. San Martín) y unas Islas Vírgenes que dicen los gringos que son territorios no incorporados de ellos.

Pues mis vecinos más cercanos son: al norte Santa Lucía, al sur Grenada, al este Barbados y al oeste el Mar Caribe. Grenada es un país, poco más pequeño que San Vicente, que no llama mucho mi atención. A Barbados espero nunca tener que ir. Saben que solo por hacer una conexión en su aeropuerto cobran $200 a los salvadoreños!?

Cuando en mayo regresé a mis entrenos de rugby mis compañeros ya estaban montados en el caballo. “En julio nos vamos a un torneo en Santa Lucia. En velero”. Imperdible.

-Dudu, you want to come?
-YESSS!!! 



El Tackle

Los entrenos se tornaron agotadores y más rudos de lo normal en el SVG Natonal Rugby Union Team. “Santa Lucía”, gritaban algunos jugadores en los momentos de mayor tensión durante las prácticas.

Pasamos del Touch al Hold. Antes, para detener al que iba con la pelota bastaba con tocarlo con las dos manos y para ponerle emoción gritar Touch!

En los últimos entrenos practicamos como verdaderamente se hace. Deteniendo, a toda costa, al cliente que va con la pelota.

Detener a un jugador de rugby que lleva la pelota es como tratar de detener a una vaca brava que va corriendo sin lazo.

Quien lleva la pelota no se importa de lo que hay en su frente. La defensa es la que debe estar en línea recta para que la vaca no sepa para donde agarrar.

La vaca va a buscar los agujeros y puede irse también contra quien considere más débil. La forma más común para detenerla es abrazándola por la cintura y piernas para luego tratar de derribarla y que no continúe la marcha.

Yo he conseguido derribar varias vacas y me tumban a cada rato. Realmente es difìcil no salir con raspones y mallugadas de una práctica de rugby.

Cuando finalmente se la detiene, los jugadores de ambos equipos deben acudir al jelengue para tratar de recuperar la pelota. A eso, detener la vaca se le llama Tackle.

Algo que se evita si uno pasa el balón antes que lo detengan, que es lo que yo hago la mayoría de veces.

Estoy en el proceso para aprender a hacer el Tackle. Me da miedo pero si quiero realmente jugar al rugby tengo que hacerlo sin que parezca que me estoy cagando del miedo.

Me han explicado que cuando uno es la vaca y lo detienen, lo mejor es, buscar el suelo, poner la pelota al frente de su equipo, protegerse las orejas y esperar que un compañero tome la pelota.

Pero en el Tackle esto no siempre es así. En el Tackle hay empujones, jaloneos, codazos, rodillazos, que te patean, que te dieron un cabezaso...

A dos semanas de viajar a Santa Lucía yo estaba afilado y con ganas de defender el verde, amarillo y azul de San Vicente y las Granadinas.

Me acuerdo que en los intramuros de la escuela nunca me daban chance de jugar fútbol por ruin. Y realmente era y sigo siendo ruin para el fútbol.

No sé que me pasa con el rugby, pero solo participar en una buena jugada me dibuja una sonrisa y me da la alegría del deporte.

Me in St Lucía. Julio 2013

Vida de barco

El día que zarpábamos no estaba emocionado. Estaba mas bien nervioso. Imaginaba y suponía cosas. El miedo se me fue quitando cuando vi llegar al equipo. A las siete de la noche de un jueves estábamos levantando el ancla de Puka.

Puka es un velero con capacidad para ocho personas. Tiene cuatro habitaciones dobles, cuatro baños y cocina-comedor en la cabina. En cubierta hay una especie de sillones y otra mesa.

Nosotros eramos 18 así que los espacios lucían más abarrotados de lo normal. A los pocos minutos izaron la vela y el barco comenzó a zurcar el mar con mayor facilidad. 

Tenía gueba de entender el vincy así que opté por escuchar mi música. Me quedé hipnotizado por la luna casi llena. Mecido al ritmo del mar y acariciado por la brisa. Que más podía pedir. La mecedera me dio sueño y al ratito estaba roncando.

De repente sentí como si me jalaban los pies y después como si iba en un tobogán de cabeza. El mar nos estaba meciendo muy fuerte. Abrí los ojos y vi que estaba oscuro y lloviendo. Después me percaté de lo peor, el motor de Puka estaba apagado.

Me levanté y salí a cubierta. Estábamos sin energía. A merced del mar. Y para colmo lloviendo. Cinco personas ya habían vomitado mientras yo dormía. Estábamos cagados. Yo me persigné al derecho y al revés, por suerte no me aruñé la cara, como en los cuentos de Salarrué.

Comencé a sentir tipo retorsijón. Palidecí. 

El capitán entró en la cabina y abrió un cajón donde estaba el motor. Yo reaccioné y sostuve una lámpara. Con una tenaza el capitán aflojaba y socaba unos tornillos. Gritaba “try now” y alguien en cubierta trataba de darle star al motor. Después de varios intentos el motor encendió.

Los que pudimos volvimos a dormirnos.
   
A las seis de la mañana del viernes desperté. El barco no se movía casi nada y afuera alumbraban los primeros rayos de sol. Estábamos en Santa Lucia. 

PUKA



Rodney Bay

Playas largas y de arena clarita, hoteles, restaurantes, un centro comercial lujoso, bares... Santa Lucia me pareció un lugar con mayor infraestructura turística en comparación con San Vicente.

En cada esquina me ofrecían taxi. Me ven como asiático. “Señor si se quiere sentar aquí tiene que pagar, usted es Filipino verdad?” me dijeron solo porque me senté en una silla de playa.

De ahí que si quería agua de coco, andar en moto acuática, un sombrero hecho de palma... Parecían de esos gavilanes que hay en todos los lugares turísticos.

Rodney Bay es el área con más desarrollo en Santa Lucia. Donde todo mundo va. Muchos, como yo, se van de Santa Lucia sin conocer Castries, la capital. 

El grupo se dividió y en Puka nos quedamos diez personas. La vida en el barco era simple. Jugamos naipe, domino, entrabamos al mar, hicimos comida, lavamos el barco. Fuimos familia por tres días.

El sábado el equipo se juntó en la cancha. Nuestros oponentes eran los equipos A y B de Santa Lucia y un equipo formado por ingleses que se hacían llamar Coaches.

El primer partido San Vicente le ganó por más de 10 puntos al equipo B de Santa Lucía. Yo pensé "esto será pan comido" y hasta me dieron ganas de jugar. Yo me puse el uniforme, sin mucha ambición porque habíamos cuatro en la banca. Obviamente yo era la última opción.

Los nuestros fueron cayendo. Raspones, vaguidos, torceduras y el mismo cansancio fue debilitándolos. Los equipos A de Santa Lucia y los Coaches nos pegaron sendas taleguiadas. En una de esas yo entré al último minuto.

Tipo, bueno ya nos ganaron demole chance al Dudu. No toque la pelota. Y lo peor, que además es algo que me decepciona, es que cuando tuve que detener a la vaca brava sin lazo, la puta bufó, me asustó y se paso.
  
Ganamos el tercer lugar. Fue un torneo para practicar y hacer amigos. Terminamos bailando Soca.

Nos fuimos de Santa Lucía el domingo por la noche. La luna, a pocas horas de estar totalmente llena, me volvió a hipnotizar.

En ese trance estaba cuando de pronto, como un hasta luego, las montañas Pitons aparecieron en el horizonte. Verlas alumbradas por la luna fue como tomar de esas fotos mentales que se quedan con uno para siempre. 


En tres días en Rodney Bay vi más mujeres negras bonitas
que en tres meses en San Vicente y la Granadinas.

La más alta mide como 800 metros. Dicen que son las chiches de la Santa Lucía.
En las otras islas con nombres de santos no hay montañas así.