viernes, 1 de octubre de 2021

Quijote

El aire sopla caliente en horas del mediodía, es un ambiente húmedo con olor a estiércol de ganado, olor a monte. Un calor que se sofoca mejor bajo la sombra de un árbol, ahí mismo donde se refugian los pastores para vigilar su manada. Ahí en ese potrero y debajo de ese árbol habita el Quijote de la Antena. Esta es su historia.

Gracias a mi primo Renacho por el préstamo.

He vuelto a escribir un post para este blog después de un año sin noticias. A todos mis lectores les doy el consuelo de saber que la ausencia se debió a la parranda, a la vida pues. Simplemente me decidí dejar de escribir un tiempo y luego volver para ver que resulta, así que aquí estoy. ¡He regresado! 

Hay muchas cosas que contar, en este reinicio quiero compartirles mis opiniones sobre un clásico de la literatura como es “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”. He tenido la suerte de encontrar una edición española de la editorial Alfredo Ortells, S.L. El Quijote de la Mancha es uno de los títulos de la colección Clásicos de la Juventud publicada en 1985.

Nunca había leído Don Quijote porque las ediciones que se me presentaban no me convencían, así de exigente estoy como lector. Cuando vi este libro y me lo ofrecieron para llevar a mi casa mi corazón fue feliz porque finalmente iba a conocer de primera mano semejante historia.

Este que leí es un libro apegado a lo que publicó Miguel de Cervantes Saavedra en 1605. Escrito de una manera un poco difícil de entender, aun para un hablante de español nativo. El libro es fiel a las formas, a veces caprichosas, que tenía el idioma hace más de 400 años.

La lectura es entonces, al menos para mí, lenta porque hay que releer para entender. Sin embargo, la lectura cotidiana hace que se agilice la historia y se nos haga familiar el estilo del autor. Cada vez que abría el libro se abría también un universo, esa dimensión donde existió el caballero andante que fue Don Quijote.

La novela cuenta la historia de Alonso Quijano quien se considera a sí mismo el último caballero andante sobre la tierra. Su misión es proteger a las doncellas y desvalidos que pueda encontrar a su paso, porque siempre está recorriendo el mundo. A su lado va su fiel escudero Sancho Panza a quien su amo le ha prometido ser gobernador de algún reino que conquisten en el camino.

En la imaginación del hidalgo, los molinos son dragones y los presos personas que hay q poner en libertad. Una campesina regordeta es su amada Dulcinea, la mujer más bella que la mente humana pueda imaginar. Estas alucinaciones hacen que ambos se metan en problemas de los que siempre salen con algún moretón o un buen susto.

Se presume que Don Quijote habría perdido el juicio debido a su obsesivo gusto por los libros de caballerías que acumulaba y releía en su casa. Y hasta aquí voy a dejar esta reseña para picarlos y que se atrevan a leer el Quijote, esperen una edición buena como hice yo, no se van arrepentir.

Ahora voy con la historia del inicio, la del Quijote de la Antena: aquí donde vivo estoy rodeado de potreros donde pernoctan principalmente vacas, pero también algunos caballos y cabras.

Mis vecinos tienen animales de granja pero no un lugar propio para tenerlos y entonces utilizan estos potreros baldíos donde vigilan los animales y los mueven de lugar de vez en cuando. Son pastores pues.

Desde antes que yo viniera aquí esa era la situación y así seguirá siendo mientras la zona no se urbanice. Estoy acostumbrado a que a veces una vaca muja frente a mi puerta. No tengo mayores problemas con eso, al contrario, compro leche de esas vacas y me interesa conocer al dueño de los caballos para que me preste uno y aprender a montar.

Hace más de 10 años, cuando “Tamarindo, casa sustentable” existía solo en mi cabeza, solía descansar al mediodía y al final de la jornada bajo la sombra de un árbol. Aprovechaba esos momentos siempre para leer porque me parecía extraño estar en medio del potrero sin hacer nada, sin vacas que vigilar. Así que leía plácidamente a veces hasta dos horas seguidas.

La gente comenzó a sospechar y a murmurar pero terminaron acostumbrándose a verme ahí echado leyendo. A penas me saludaban, no tenían idea de quien era yo o por qué había aparecido de pronto en su potrero. Parecía que tenían pena de buscarme plática. De mi parte leía más a gusto ante aquella sospechosa indiferencia. 

Un día, uno de los pastores decidió hablarme. Era la primera persona que se dirigía directamente a mí después de unos 15 días de verme por su territorio. Se trataba de un hombre seco de carnes, de más de 60 años, con una nariz grande y torcida, vestido con botas y sombrero.

No me preguntó quién era yo o a qué me dedicaba. Sus inquietudes parecían estar centradas en mi hábito lector. Después de varios rodeos me preguntó finalmente por qué leía tanto.

“Me gusta”, le respondí. “Me entretengo leyendo estas historias”. Mi respuesta no le satisfizo y una sonrisa burlona se dibujó en su desdentada boca. Luego me dijo algo que jamás había oído: “leer no es un buen hábito, no es bueno para la mente”. ¿Cómo?

Comenzamos entonces a debatir al respecto, al principio pensé que su argumento era el esfuerzo visual pero no, a él le parecía que nada bueno se podía ganar leyendo y que al contrario muchas personas “han quedado locas por tanto leer”.

Cuando dijo esto pensé inmediatamente en el Quijote de Cervantes, libro que no había leído pero del cual conocía el argumento central: el hombre apasionado por los libros de caballerías que enloquece y sale en busca de aventuras.

Ver a mi vecino en su traje de ganadero y su narizota me hizo reír. “Tiene razón, eso le pasa a don Quijote de la Macha”, le conté. Ver que finalmente coincidíamos en algo apaciguó nuestra charla y la volvió más cordial.

Le dije quién era yo y la idea que tenía de construir una casa sustentable. Él hizo como que me entendía pero en sus ojos yo leía “este ya quedo loco como ese mentado don Quijote”. Desde entonces somos muy buenos amigos con don Toño, también conocido como “Papita”, desde entonces es para mí “El Quijote de la Antena”.

viernes, 23 de octubre de 2020

Mascarilla

¿Y si la mascarilla se queda? Seremos entonces testigos del antes y después del uso, casi obligatorio, de esa nueva prenda de vestir. Hoy les comparto mis divagaciones sobre los tapabocas, una herencia que quizá nos deje para el resto de nuestras vidas la COVID19.

La quirúrgica, las enfermeras en USA desechan una cada 20 minutos  

Si se queda, en 10 años nadie recordará este momento. Usar mascarilla será algo natural y ya a nadie se le va ocurrir salir sin ella. Nunca se nos va a olvidar como aún sucede y menos sentiremos vergüenza o pereza de usarla. Estará reglamentada. Será un delito no portarla.

Las nuevas generaciones no se imaginarán una vida sin tapabocas, no usarlas les parecerá una acción irresponsable. Más o menos como hoy, quizá más, o quizá dejaremos de usarlas y nos liberemos de ellas, quién sabe, creo que seguimos sin tener certezas de este virus que nos sigue matando. Estamos en El Salvador, sobreviviendo a siete meses de pandemia.

Y si en el futuro, en toda nuestra vida pública usamos máscaras que nos impidan por ejemplo el amor a primera vista, porque si eso existe hace falta una sonrisa…

No sé, pero si se queda, se quedará también ese sentimiento frio que deja el no saludarse alegremente con un abrazo. La mitad de nuestro rostro estará cubierto para prevenir que el COVID, o cualquier otro virus que venga, entre a nuestro cuerpo.

Será nuestro principal escudo, la industria seguirá desarrollándose, los diseñadores y artesanos de mascarillas seguirán creando, generaremos toneladas de basura compuesta de mascarillas y no habremos aprendido nada.

No me lo van a creer pero en lo que va de pandemia no he comprado ni una sola mascarilla. Ojo que sí las uso en lugares públicos o con muchas personas. Lo que digo es que no tuve necesidad de comprar. Todas las que tengo y he tenido han aparecido en mi vida alegremente como obsequios y donaciones.

No me gustan. Pero de momento debemos usarlas.

Nuestras orejas que empezaron cargando solo aretes, ahora también soportan el peso de los lentes, los audífonos y una o hasta dos mascarillas. Nuestra especie desarrollará orejas más grandes y fuertes.

Aquí no teníamos la costumbre de usar mascarilla como en China. Por machismo los hombres somos los que menos las usamos. Así que adoptar la mascarilla, como algo que debemos usar al salir, no está siendo tarea fácil.

Porque aunque no vemos cómo nos protege, sí lo hace al impedir que estemos en contacto con partículas contaminadas. Aunque parezca risible a mí me parece que debería haber campañas sobre su uso correcto.

Mi vecino Chevo estaba solo en el potrero arreglando un cerco y usaba mascarilla. Yo que salí sin mi tapabocas a dar una razón donde mi vecino lo saludé desde más de cinco metros y le pregunté por qué la usaba. “Para que no se me pegue ese mal que anda dando”, me dijo.

Conversamos sobre las formas de contagio, los tipos de mascarilla, su uso correcto… y de pronto se la quitó. Nos despedimos amistosamente y me regresé pensando si hice un mal o un bien.

No me malinterpreten, en estos momentos yo soy pro mascarilla. Pero creo que si es algo que se va ir quedando debemos hablar más al respecto. Cuídense y gracias por haber leído hasta aquí. Salú. 

domingo, 27 de septiembre de 2020

Kangreburguers

Hacer hamburguesas es otro de mis dones y ahora están a tu disposición. Las llevo a domicilio hasta tu evento. He aquí Guayo´s Kangreburguers.

Nueva especialidad de la casa

La Covid19 impulsó a mucha gente a vender comida. Muchos han pegado y ahora tienen sus microempresas de alimentos. Ofrecen productos de calidad y satisfacen paladares. Despegaron gracias a la pandemia y ojalá se mantengan en este competitivo rubro.

No es mi caso. Yo empecé antes. En enero pasado con algunos miembros de la Adesco El Patrocinio fuimos a vender hamburguesas a la feria de Guaco. Tuvimos éxito. Las hamburguesas al carbón que hicimos fueron bien aceptadas.

La idea fue mía, pero yo no sabía hacer hamburguesas. Sin embargo, me gusta esta fast food y sé reconocer cuando una burguer está buena y cuando no.

Mi amiga Xiomara prepara una de las mejores hamburguesas que he comido. ¿Cuántos recuerdan las hamburguesas del cafetín El Acuario, en Sensunte…? Bueno son más o menos esas las hamburguesas que mi amiga prepara.

Le comenté de mis intenciones en la feria de Guaco y ella amablemente me pasó la legendaria receta. Hice pruebas en mi casa y quedaron espectaculares. Luego de ese ensayo nos lanzamos a vender en la feria.

Tener la receta no es suficiente para garantizar un buen producto. En los cinco días que fui a vender a Guaco no siempre me quedaron iguales. Y es que para esto de la cocina hay que tener mucho tino en las cantidades y calidades de los insumos a utilizar.

Pues bien, luego del éxito en la feria me sentí capaz de hacer ese platillo gringo. Hace poco me ofrecí para hacer 50 hamburguesas y nuevamente encontré la fórmula para que la gente me dijera “que buenas están”, “prepáreme otra por favor”.

Así que como soy un comerciante nato he decidido ofrecer este producto a quien me lo solicite. He aquí pues el comienzo de mi nuevo emprendimiento:  Guayo´s Kangreburguers.


Se necesitan bastantes "chunches" para llevar las burguer a domicilio

Ponerse hacer esto no es para todos. Requiere mucho esfuerzo y sobre todo las ganas de cocinar algo que le guste a la gente. No hay mayor satisfacción para un cocinero que le pidan “una más”.

Hay que conseguir el equipo necesario e idóneo, la ayuda competente y ser exigente con la calidad de las cosas. Pensar que es uno el que se va a comer aquello. Hacerlo con amor. 


Vegetales frescos

A mí me gusta la receta original de las hamburguesas y me apego a ella. Preparo yo mismo la carne como me enseñó mi amiga, uso queso americano, vegetales y pan fresco, únicamente los aderezos necesarios y de la mejor calidad.

Pero sobre todo, me tomo el tiempo para hacerlas. Me gusta que se sirvan calientes. Que se devoren en un instante.  

En Guaco las hice al carbón pero eso requiere el arte de dominar al padre fuego. Estas últimas las hice sobre unos comalitos de metal y el resultado fue igual de óptimo.


La práctica hace al maestro

Me identifico con el avaro don Cangrejo, de la caricatura Bob Esponja, así que me pareció bien retomar ese nombre para mi nueva empresa.

No creo que vengan desde Fondo de Bikini a presentarme una demanda por copión. Y si eso pasara, pues estaría interesado en comprar una franquicia del Krusty Krab o Crustáceo Cascarudo.


Aprobadas por los gustos más exigentes

Así que bueno, están avisados, si quieren conocer este auténtico sabor pueden llamarme y hacer sus cotizaciones. Yo me emociono bien fácil y ahorita estoy puliendo todo lo que necesito para ofrecerles este producto.

Puedo ir a cumpleaños, bodas, baby showers, chupi showers, etcétera. Hay que probarlas. No te vas arrepentir. 

Atrévete a probarlas