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domingo, 15 de mayo de 2022

Alharaca

El pasado cinco de mayo se publicó en Alharaca un artículo sobre Tamarindo, casa sustentable. De la pluma de mi amiga Lauri García Dueñas pueden conocer mi casa - negocio, la descripción retrata este sueño hecho realidad que ahora me permito reproducir en este blog. El mes pasado les quedé debiendo el post mensual, espero no vuelva a pasar. Bienvenides otra vez.

Junto a mi esposa Lili


Tamarindo: Una casa sustentable en Guacotecti

 

Lauri García Dueñas


Eduardo Portillo, de 40 años, construyó su casa utópica en un paraje lejano de Guacotecti, Cabañas, El Salvador. “Tamarindo: casa sustentable” está rodeada de una cerca natural, con un baño seco, adobe sismoresistente, techo vivo, bosque comestible, huerto, milpa, salón de yoga, siete gallinas y un gallo.

Hace once años, Guayo se paró en la entrada del terreno que heredó de su padre y tomó una decisión que marcaría su vida y la de su familia. «Ya no quiero ser empleado», se dijo, a pesar de que estudió en una de las mejores universidades privadas de la capital y tenía un buen trabajo. ¿La razón? Se sentía lejos de su familia y de su origen en Guacotecti, Cabañas, El Salvador. 

Dicho y hecho, agarró sus tiliches (bártulos), se fue de mochilero y llegó hasta Cartagena de Indias, Colombia. Trabajó de chofer en San Vicente y las Granadinas y cumplió su sueño de conocer Brasil. Viajó durante tres meses y regresó a construir su hogar, el que en ese momento sólo estaba concebido en su mente. 

Ahora, en su casa sustentable en Guacotecti, nos recibe emocionado. Entre la minimalista decoración del lugar, una bandera brasileña sirve de recuerdo de su viaje iniciático.

«Esto es lo que he construido», subraya, y no es cosa menor. En El Salvador el acceso a la vivienda es un problema social y comprar una casa te puede costar no menos de 50,000 dólares. Guayo y un albañil con 22 años de experiencia construyeron ⎯basándose en un libro y en una capacitación, y por unos 4,000 dólares⎯una casa amplia, fresca, agradable y amigable con el medioambiente, que ahora se ha convertido en un hostal y lugar para eventos, entre otras cosas.

La familia ha crecido y ahora está conformada por su esposa, Lily Méndez, trabajadora social; Arleny (12 años) y Eli Sofía (4 meses). Un amigo en común los presentó y su intuición no le falló. Guayo y Lily están recién casados y Eli Sofía hace poco vino al mundo. 

De la mano de su esposa, amplió la visión para Tamarindo. «Yo no me hubiera animado a vender comida sin Lily», explica Guayo, mientras prepara unas hamburguesas de campeonato, y ella, unas deliciosas pupusas de ayote. La casa abrió sus puertas al público en 2016, pero ahora él ya no está solo. Su menú es apto para omnívoros y vegetarianos. 

La casa pasó de ser un centro vivencial de permacultura, tecnologías apropiadas, a un hostal, vivero, café, restaurante, lugar de eventos. Su principal objetivo es que las y los visitantes se lleven una experiencia para su propia vida cotidiana, según las palabras del fundador. 

Eduardo está recibiendo voluntarios nacionales e internacionales para mejorar Tamarindo. Siempre hay mucho que hacer, desde la madrugada, para mantener la casa viva, literalmente. La conversación con los visitantes pasa, entre otras cosas, por enseñarles a separar la basura y por instruirlos, mediante rótulos escritos e instrucciones verbales, sobre cómo funciona un baño seco. 

Al principio, uno puede tener vértigo de tirar el aserrín donde no debe pero, gracias al anfitrión, se termina por aprender. 

Toda utopía es dúctil y aunque el proyecto inició con el uso de paneles solares y agua recogida mediante la lluvia en una pileta, ahora posee electricidad y un baño con agua potable, debido a la llegada de las tres nuevas habitantes. Eduardo no lo lamenta, al contrario, sabe que cuando una utopía pasa de ser un sueño personal a uno familiar o colectivo, hay que adaptarse.

viernes, 21 de enero de 2022

Guacotecti

Resido en Guaco y aun no le dedicaba un post. Hoy celebra sus fiestas patronales y pensé oportuno festejar con alguna información. Agarré la cámara y me fui a platicar de santos con el padre de la villa. No son datos concluyentes sino acercamientos a lo que sucede en este pueblito que llamo casa.

Cristo Negro encontrado por el señor Salomé

El recuerdo más vívido que tengo de las fiestas de Guaco fue una vez que la música sonaba tan fuerte que hizo deslizar las tejas. La vibración del sonido de aquella poderosa discomóvil le dañó seriamente el tejado a la casa de esquina. Anoche parece que paso lo mismo, hoy un empleado municipal recogía los escombros de otro puño de tejas en pleno centro de Guaco. Lo de pleno centro es una ironía porque el poblado es tan pequeño que prácticamente es eso, cuatro calles y un parque. No extraña que cada vez haya menos casas con tejas artesanales, se prevé que la música siga sonando fuerte.

Guacotecti: Sumo sacerdote de los tesoros en náhuatl

Hace diez años se decía que eran  tres mil habitantes en este municipio, uno de los más pequeños de Cabañas. Muchos hemos migrado a Guaco desde entonces y sin miedo a equivocarme cálculo que al día de hoy somos el doble o más de esa cantidad los que residimos en el pueblo de los dulces de rosario.

Lo constaté hace apenas un año cuando anduve en política y descubrí que el gentilicio de Guacotecti es “guacos” y “guacas”. En esas vueltas también fui más allá de San Fidel y la Antena, visité Zacamil, El Dormilón, Cacahuatal, el Portillito... Desde este último lugar va a salir esta tarde la procesión hacía la parroquia del Señor de las Misericordias.

Iglesia de Guaco es de inicio del siglo XVIII

La devoción católica en Guacotecti está muy arraigada en sus habitantes y visitantes. Desde que yo era un niño recuerdo las aglomeraciones de gente en la plaza, todos queriendo participar de esa fiesta en honor a un santo misericordioso que sin duda intercede por quien lo necesita.

La imagen más preciada de la parroquia es un cristo negro tallado en madera. Se dice que la reliquia fue encontrada por un hacendado de la zona llamado Salomé. Es por tanto que a veces hay confusión a la hora de saber cuál es el patrono del pueblo. Será el Cristo Negro, el señor Salomé, el señor de las Misericordias o incluso el señor de Esquipulas, que celebra su fiesta el 14 y 15 de enero... por otro lado en el santoral hoy es el día de Santa Inés.

Hablé sobre el tema con el padre Octavio Mejía quien recién asumió como párroco el pasado 12 de septiembre. “Sobre el tema no hay nada oficial o por escrito se trata más bien de tradición oral. A quien se celebra las fiestas es a Dios y a Cristo que murió en la cruz, es Cristo misericordioso quien concede”, destacó el clérigo originario de Ilobasco y de 43 años.

Padre Octavio Mejía párroco de Guacotecti

El padre Octavio llego a Guaco un mes después del deceso del padre Juan Francisco Cubias, conocido como padre Paco. Manifestó que su nombramiento no fue sorpresivo sino más bien anunciado. “Aquí ya había sido seminarista y vicario. El padre Paco hizo dos peticiones a monseñor para indicarme como párroco de Guacotecti”, manifestó.   

Hoy el padre Octavio recibía a los fieles que llegaban a pedir favores y ofrecer promesas. También se preparaba para las actividades de la víspera y aun así me concedió unos minutos. A las 6:00 p. m. sale la procesión que será recibida con música por parte del ministerio Kerigma de Ilobasco, a continuación la misa y alborada.   

Felices fiestas Guaco, y que el señor de las Misericordias nos bendiga a todos. 

domingo, 27 de septiembre de 2020

Kangreburguers

Hacer hamburguesas es otro de mis dones y ahora están a tu disposición. Las llevo a domicilio hasta tu evento. He aquí Guayo´s Kangreburguers.

Nueva especialidad de la casa

La Covid19 impulsó a mucha gente a vender comida. Muchos han pegado y ahora tienen sus microempresas de alimentos. Ofrecen productos de calidad y satisfacen paladares. Despegaron gracias a la pandemia y ojalá se mantengan en este competitivo rubro.

No es mi caso. Yo empecé antes. En enero pasado con algunos miembros de la Adesco El Patrocinio fuimos a vender hamburguesas a la feria de Guaco. Tuvimos éxito. Las hamburguesas al carbón que hicimos fueron bien aceptadas.

La idea fue mía, pero yo no sabía hacer hamburguesas. Sin embargo, me gusta esta fast food y sé reconocer cuando una burguer está buena y cuando no.

Mi amiga Xiomara prepara una de las mejores hamburguesas que he comido. ¿Cuántos recuerdan las hamburguesas del cafetín El Acuario, en Sensunte…? Bueno son más o menos esas las hamburguesas que mi amiga prepara.

Le comenté de mis intenciones en la feria de Guaco y ella amablemente me pasó la legendaria receta. Hice pruebas en mi casa y quedaron espectaculares. Luego de ese ensayo nos lanzamos a vender en la feria.

Tener la receta no es suficiente para garantizar un buen producto. En los cinco días que fui a vender a Guaco no siempre me quedaron iguales. Y es que para esto de la cocina hay que tener mucho tino en las cantidades y calidades de los insumos a utilizar.

Pues bien, luego del éxito en la feria me sentí capaz de hacer ese platillo gringo. Hace poco me ofrecí para hacer 50 hamburguesas y nuevamente encontré la fórmula para que la gente me dijera “que buenas están”, “prepáreme otra por favor”.

Así que como soy un comerciante nato he decidido ofrecer este producto a quien me lo solicite. He aquí pues el comienzo de mi nuevo emprendimiento:  Guayo´s Kangreburguers.


Se necesitan bastantes "chunches" para llevar las burguer a domicilio

Ponerse hacer esto no es para todos. Requiere mucho esfuerzo y sobre todo las ganas de cocinar algo que le guste a la gente. No hay mayor satisfacción para un cocinero que le pidan “una más”.

Hay que conseguir el equipo necesario e idóneo, la ayuda competente y ser exigente con la calidad de las cosas. Pensar que es uno el que se va a comer aquello. Hacerlo con amor. 


Vegetales frescos

A mí me gusta la receta original de las hamburguesas y me apego a ella. Preparo yo mismo la carne como me enseñó mi amiga, uso queso americano, vegetales y pan fresco, únicamente los aderezos necesarios y de la mejor calidad.

Pero sobre todo, me tomo el tiempo para hacerlas. Me gusta que se sirvan calientes. Que se devoren en un instante.  

En Guaco las hice al carbón pero eso requiere el arte de dominar al padre fuego. Estas últimas las hice sobre unos comalitos de metal y el resultado fue igual de óptimo.


La práctica hace al maestro

Me identifico con el avaro don Cangrejo, de la caricatura Bob Esponja, así que me pareció bien retomar ese nombre para mi nueva empresa.

No creo que vengan desde Fondo de Bikini a presentarme una demanda por copión. Y si eso pasara, pues estaría interesado en comprar una franquicia del Krusty Krab o Crustáceo Cascarudo.


Aprobadas por los gustos más exigentes

Así que bueno, están avisados, si quieren conocer este auténtico sabor pueden llamarme y hacer sus cotizaciones. Yo me emociono bien fácil y ahorita estoy puliendo todo lo que necesito para ofrecerles este producto.

Puedo ir a cumpleaños, bodas, baby showers, chupi showers, etcétera. Hay que probarlas. No te vas arrepentir. 

Atrévete a probarlas

lunes, 27 de julio de 2020

Política

Este año me estreno en política, deséenme suerte. La hora ha llegado y sé que puedo aportar al desarrollo de mi querido Guaco. Intentaré ser funcionario público y una vez en el puesto aportar mis conocimientos para conseguir los mejores resultados. Bienvenidos a una más de mis aventuras.


Elecciones internas en Tamarindo, casa sustentable. Domingo 26/07/2020 

Soy parte de la propuesta del FMLN para conformar el concejo municipal de Guacotecti, donde resido desde hace 10 años. Guaco es un pueblito del departamento de Cabañas al noreste de El Salvador.

A mis 38 años hay cosas que nunca me han pasado o nunca he hecho. Aspirar a un cargo público se me estaba quedando pendiente. Soy de la opinión que es un derecho que debería estar en el check list de todo ciudadano que se considere honesto y capaz.

Esto no es simple, es administrar el dinero de todos para que tenga beneficios que igual lleguen a todos, principalmente a aquellos más desafortunados, a las víctimas de un sistema que oprime.

Nunca he tenido una afiliación a un partido político, he votado tanto por la derecha como por la izquierda, pero como a todos, las extremas me abaten y me considero alguien más al centro, sin etiquetas, alguien que antepone lo justo y el respeto ante cualquier situación de la vida.

Hace unos días el FMLN se me acercó para invitarme a participar con ellos en las próximas elecciones (Febrero 2021) y me hallaron de toque porque acepté al vuelo.

Me considero apto y estoy en el mood  para involucrarme. Como cuando te tienta la curiosidad y tenés la sensación de que realmente algo bueno puede suceder.

Elecciones internas del FMLN en Guacotecti, Cabañas

Afiliados del Frente en Guacotecti conocieron Tamarindo, casa sustentable

Proceso transparente en el que resulté electo como candidato a primer regidor

Proceso con  medidas de bioseguridad para prevenir la Covid19

Pienso que los estatutos de todos los partidos exponen los ideales del servicio público y que son algunos funcionarios, de todos los colores, los que ya llegan corrompidos a ocupar puestos para los no que no están preparados.

Me identifico con los ideales del Frente y también apoyo a mis amigos que visten otros colores partidarios. Ya ratos el electorado salvadoreño vota por personas. Los partidos son los vehículos que en democracia nos permiten gobernar las instancias públicas.

Hay les cuento como me va, y si son de Guaco pues llegara el momento en el que les pida el voto. Si esta carrera progresa, pero sobre todo si le hallo el gusto, en las próximas me lanzo como alcalde o diputado.

Queridos conciudadanos, jajajaj espero hayan disfrutado esta breve lectura y me brinden su apoyo o críticas constructivas cuando nos encontremos.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Comida

Aquí mostraré los frutos producidos en Tamarindo, casasustentable. Las siguientes fotos son una primera entrega del álbum que comienzo a nutrir este septiembre de 2019 y al que he llamado instintivamente Comida. 

Guineos majonchos

Ser sustentable alimentariamente es un reto para mí. Quiero mostrar y compartir esa alegría que me da cuando recojo la fruta o corto de mi huerto las especias para la comida.

Y sí, siempre tengo frutas orgánicas y frescas sobre mi mesa. Puedo desayunar guineos majonchos fritos, hacer unos tostones en el almuerzo y cenar el mismo guineo, pero quizás  asado.

Tengo ahorita arrayanes que es maravilla, los congelo así que tengo para un par de meses. Antier me comí una sincuya, lo sé para algunos suena a fruta exótica y lo es porque cada vez hay menos.

No sé qué es comprar  un limón y últimamente he descubierto lo buena que queda la limonada con hojas de hierba buena.

Si hago una sopa de gallina le puedo echar hijos de piña o jilotes recién cortados. Cuando quiero condimentar mis platillos, una cocina muy creativa por cierto, corro a las matas de albahaca, hierba buena, orégano, romero, alcapate…

También me da gusto tener aquí mismo mi farmacia personalizada. Mi mamá me ha metido en la cabeza que las plantas medicinales que uno necesita crecen en su propio jardín, en su frente. Yo me he creído la fantasía y he aprendido a respetar todo tipo de monte.

Doy fe que me he quitado dolores a puras chuponeadas de agua tibia con orégano y ya ni se diga lo bien que le hace el jengibre a mi rinosinusitis. Nada compro, todo ya está en casa.

Claro, me dedico al jardín al menos dos horas al día. Me digo que es más barato que la terapia.

Arrayanes, pura vitamina C

Como no compartir entonces las fotos de la fruta, que por cierto dependerán del mes; de la temporada. No habrá así repeticiones y al pasar un año tendré mi calendario completo.

O quizás no, porque las condiciones del clima cambian, porque a veces misteriosamente no hay cosechas, porque tus vecinos los pájaros pensaron en ayudarte a comer o porque alimentaste sin saber a un ejército de zompopos.   

Cualquier cosa puede pasar así que mejor no me comprometo. Pero intentaré sumar a este post las fotos de nuevos manjares naturales, espero acordarme.  

Me he comprometido sí a publicar un post en este blog cada mes. El viaje a Perú me aliviano bastante, pero eso ya paso. Es hora de volver a hablar de las cosas que me pasan, de compartir lo que me parece valioso de la vida.

Pensé en escribir de Antigua Guatemala porque fui hace poco, pero recordé que esto no es una guía de viajes. Algo de la independencia quizá, pero me dio gueba.

El acontecer nacional lo hacen ya los medios, a veces también yo lo hago, pero no deja de ser solo mi opinión y a veces me estresa; con el ejercicio de escribir pretendo otra cosa.

Podría haber sido también una recomendación de libro. Y hay uno que voy a recomendar, con el perdón del comercial, se llama “Abril rojo” del autor peruano Santiago Roncagliolo, trata una temática muy peruana, que no aplica para este post, pero que considero de lectura necesaria. 

Como casi se acaba septiembre, me toca obligarme, y como en los viejos tiempos, sentarme frente a la compu, frente a una pantalla blanca, y escribir. Redactar estas ideas que no siempre salen en orden.

Limones, hay indios y pérsicos 

Pues bien, debo decir que me inspira algo que me dijeron recientemente: “escribir es una acción sanadora”. No es que esté doliente, pero es otra fantasía que me gusta creer.

Así que sin tener claro el tema pensé en fotografiar la comida que produzco. Un tema banal y cotidiano, pero también tan básico e indispensable. Un tema del que se me antojo escribir.

Yo cultivo mi comida. No toda, obviamente, pero cada vez traigo menos vegetales del mercado porque tengo en casa varias cosas que necesito.

Han ido apareciendo con el tiempo, hay varios árboles  que han dado sus primeros frutos y estoy en la espera de más. Descubrir un fruto nuevo me dibuja una sonrisa y me hace sentir bien durante toda la jornada.

Al ser sorpresivos, los frutos, se deben cultivar de manera necesariamente alternativa, quiero decir variada. Hay que decidir conscientemente lo que se va a cultivar y lo que no. Observar los procesos, los tiempos, descubrir para qué es buena la tierra donde uno vive.

Yo prácticamente he dejado que árboles y plantas comestibles crezcan a sus anchas. Tengo espacio aun y por eso lo había permitido. Pero debo confesar que últimamente me ha tocado mochar las ramas de los palos que sembré hace nueve años.

Han crecido mucho y tienen que dar espacio a sus hermanos. Un sentimiento de tristeza me invade cuando los podo, así deben sentir los papás cuando les cortan el pelo a sus hijos la primera vez.

No hay buen macarrón sin albahaca

Guanábana

Mi dieta en la última semana

miércoles, 12 de abril de 2017

Business

Letrero sobre km. 81 Carretera a Sensuntepeque

Sí, todos soñamos, lo que pasa es que al despertar no recordamos esos viajes, que nos llevan tan lejos, a situaciones tan confusas e irreales. Sin duda algo pasa con los sueños, qué son realmente, los interpretamos, para qué...

O será como decían los toltecas, que asumimos la “realidad” como un sueño colectivo y que hemos llegado a esto mediante acuerdos.

De lo que no tengo duda es que la vida misma parece un sueño, un espacio, un momento, un viaje, la vida sigue siendo esa perrita blanca que te sigue a todas partes.

Pero no quiero hablar de esos sueños, sino de los otros, de los anhelos pues. De esos proyectos en los que trabajamos y que nos satisfacen tanto porque nos damos cuenta de lo valiosos que somos.

Yo tengo una casa, con la característica de la sustentabilidad, mi casa de habitación donde también ahora opera mi business. Vengan a conocer de qué se trata Tamarindo, casa sustentable

Cenizos a $3.00 y Rosas grandes a $3.50

Si vienen en paz pueden pasar. Así decía Jorge Amado, el autor brasileño de Doña Flor y sus dos maridos: Se vein em paz pode pasar. He puesto esa frase en la puerta de mi casa, que ahora está abierta al público por un ratito, un rato y por toda la noche.

Tamarindo, casa sustentable, ahora es vivero, café y hostal. Espero que mis clientes vengan en paz, ganármelos desde la entrada con ese mensaje porque si no vienen en paz quizá aquí puedan encontrar un poquito.

Este negocio nace de un sueño, se ha planificado y ahora comienza a realizarse. Es un proyecto que se rige bajo Dragon Dreaming y como ahí es descrito espero llegar a la culminación y celebrar con todos.

Siempre he pensado que tengo una veta de negocios y estoy listo para emprenderlos. Venga a ver lo que hago, venga a desconectarse del wifi y a conectarse con la naturaleza.

Qué tal un cafecito y luego reposar en aquellas hamacas.

Pero bueno vamos a lo práctico, las plantas son pocas pero hay variedad, tengo matitas de Romero y Hierba buena a $1.50. Rosas, Limones, Naranjas, Mangos, Guanabas, Paternas, Ixoras, Veraneras, Tuyas, Mandarinas… la mayoría a $3.00. Abono orgánico a $1.00 y Macetas a $4.00.

El café es calidad guanaca y se los puedo hacer en cafetera eléctrica, italiana y en olla. Con refill al módico precio de $0.50 la taza.

Por el momento están habilitadas dos habitaciones: la suit presidencial y el cuarto de Heidi. La primera con cama matrimonial y la segunda con un lecho personal pero con la cualidad de estar hecha con piso de madera y paredes de bambú.

Se trabaja en la ambientación de un dormitorio colectivo hasta para cuatro personas en camarotes dobles. El precio de apertura es de $5.00 por día y por persona. El check in a partir de las dos de la tarde y Chekc out a las 11:00 a.m. Una toalla tiene un costo adicional de $1.00.

Así que ya no hay excusas, están todos invitados a conocer Tamarindo. Vengan de paso y se llevan una planta, vengan un rato para tomar café y platicar o vénganse unos días y vivan una experiencia con enfoque sostenible.

El cuarto de Heidi, aclaración: la cama no es de paja!

P.D.: Estoy preparando todo para hacer pan y pizzas un día a la semana. Pregunte también por clases de yoga y capoeira (clase experimental gratis).

domingo, 15 de marzo de 2015

Energía Solar

Sol ardiente de marzo.
El Sol es una enorme estrella de fuego en erupción que, entre otras cosas, permite el milagro de la vida en la Tierra. Nos separan casi 150 mil millones de kilómetros por lo que su luz tarda poco más de ocho minutos para llegar a la superficie terrestre y que sintamos su calor.

Es el astro rey, el de mayor brillo aparente en el cielo. No es de nadie y es de todos. Es inevitable. Quema y hasta enferma. Además nos broncea. Pero sobre todo es gratis, como las mejores cosas de la vida. El Sol es fuerza. Energía, del tipo renovable, que sabemos transformar. Es además puntual. Viene y se va todos los días.

En el centro de América gozamos de este recurso casi todos los días del año. Según el mapa de irradiación solar de El Salvador, en Guaco recibimos entre 4.69 y 4.92 KWh/m2/día, esto es mucho Sol si lo comparamos con el 3.3 que hay en países como Alemania o Japón. Los primeros días del pasado mes del amor instalé un Sistema de Energía Solar en Casa Tamarindo. A un mes, puedo decir que no se trata de magia, que es barato y una gran solución.


Tengo un sistema fotovoltaico aislado que genera hasta 400 watts/h. Mis necesidades actuales son básicas así que estoy generando energía de sobra. Tengo instaladas cinco lámparas que juntas consumen 23 watts/h y cargo mi SmartPhone y un radio que deben absorber unos 50 watts/h. Calculo que gasto el 25% de lo que mi panel genera.

Las opciones comerciales para optar a esta energía en el país aun son caras. Hacerlo por cuenta propia tiene más cuenta. A mí me salió en 40% de lo que una empresa usualmente cobra por un sistema similar. Gasté $406. Encontré a Perey en las profundidades de El Carmen, en Ilobasco. Él tiene experiencia y fabrica paneles solares. Tan eficientes como los de fábrica, pero hechos en casa. Artesanales.

Panel genera entre 100 y 140 watts/h.

El panel tiene 36 celdas que captan, a través del silicio, el calor. Esa energía pasa por un Controlador de carga antes de ser almacenada en una Batería. En ese banco se conecta un Inversor que transforma la energía de DC a AC y donde puede conectarse cualquier electrodoméstico, dependiendo del wattaje del Inversor. El mio levanta motores de hasta 400 watts.

Panel artesanal, Controlador e Inversor de segunda mano, Batería para carros, lámparas LED, mano de obra local... no se trata de miles. Gasté $406. Como ya dije la Energía Solar no es magia. Ahora no es muy popular, pero quizá tenga un boom cuando le carbón se agote. Yo la estoy usando ya, chis, y estoy contento con ella. Buenas noches.   

Lámparas LED.

lunes, 6 de mayo de 2013

Tener casa es barrer la casa

Hay que cuidarla. Estar pendiente de las goteras. Desempolvarla.

Que sino se avejenta.

Construirla da tanto gusto y trabajo que uno termina enamorándose de aquel pedacito de suelo, paredes y techo. Ese espacio donde las gentes acumulan babosadas.

Estoy construyendo mi casa y de piloso le he puesto nombre. Se llama Tamarindo. 

Aquí les comparto esta love story:






¿Cuántas veces hemos  visto casas que nos gustan, tal vez no en su completo, pero hay algo en ellas que gusta bastante, tanto como para tratar de reproducir esas formas?

Pues ese es mi caso. Yo voy armando mi Casa Tamarindo copiando ideas de los lugares en los que he vivido o paseado.

La Antena

Mi casa está en un lugar conocido como La Antena. Se llama así porque allá por 1970 el gobierno instaló en ese lugar una antena que retrasmitía la señal de la televisión y la radio nacional.

Durante la guerra fue derribada. De aquella estructura metálica, que seguro aportó al entretenimiento de muchos, solo quedó la herencia del nombre. 

Ahora La Antena es un caserío del cantón Tempisque, municipio de Guacotecti, departamento de Cabañas, El Salvador, en América Central.

Se trata de un potrero de aproximadamente nueve manzanas propiedad del Estado salvadoreño.

Un 40 % está lleno de pinos, eucaliptos, tecas y otros árboles. En otro 40 % hay dos maltrechas canchas de fútbol y una de basquetbol. El resto se puede decir que está poblado. 

En la comunidad hay 420 almas, según un censo del ministerio de Salud.

La mitad de los habitantes compró su parcela fuera del área estatal.

La otra mitad construyó su casa ahí porque no tenían adonde más ir.

Al terminar la guerra y con el ok del gobierno se fueron quedando al interior de una palizada y nunca han salido de ahí ni logrado un documento que los acredite como dueños.
  
Mi casa está a lado de La Antena. Si van por ahí se darán cuenta que ya es muy popular la casa de adobe que está haciendo el muchacho colocho, el hijo de don David o el hermano de “Jaime Sancocho”.

Casa Tamarindo, abril de 2013.



2012

Después de una buena paseada por cinco países regresé al mío en marzo de 2012 con el objetivo de construir una casa.

Pero no una casa común, sino mi casa, la que voy armando en el camino y a mi gusto. Una casa sobre todo sustentable y armónica. 

Lo que tenía era un pedazo de tierra heredado y un montón de ideas. Me dispuse primero a medir y cercar el área. No me fue difícil encontrar ayuda. 

Dos ex trabajadores de mi papá me ayudaron tres días, pero al siguiente lunes no llegaron y como eran mis primeros mozos pensé que quizá era yo un mal patrón.

Nada de eso. Después me enteré que mis empleados no habían llegado por estar de goma.

Me terminó de ayudar El Comandante, un lisiado de guerra, y don Adán, un tío González que me salió en el camino.

El cerco, principalmente de brotones de jiote y tempate, floreció a los dos meses de sembrado. Cabal me dijo mi abuela “este es el tiempo para brotonear”.

Hice los cimientos para la casa y compré el material para hacer los adobes, iba todo viento en popa cuando de pronto… lluvia.

Nadie hace casas de adobe en época de lluvia, pero como este arquitecto es primerizo no sabía.

Para no perder el impulso me propuse a preparar todo para comenzar la casa al inicio de la época seca. Construí un baño ecológico que a la vez serviría de bodega e instalé el agua potable. 

No podía comenzar la casa sin antes instalar el agua potable.

¿Cómo va la casa? Me preguntaban. No he comenzado aún, les decía. Y entonces me miraban como pensando “esa casa es pura paja”. Pero yo sabía lo que hacía. Lo que necesitaba era tiempo y condiciones adecuadas.

Las condiciones fueron adecuadas para otra cosa: la siembra. Sembré frutales y maderables, arbolitos que quiero como si fueran hijos. Que me entristecen cuando se los comen los zompopos y me llenan de alegría cuando compruebo su crecimiento y desarrollo.

Cuando menos sentí ya era diciembre. Ya no llovía.

Adobes 

Cada vez que veía el cerrito que formaban las cuatro camionadas de tierra blanca pensaba “esta es la peor inversión que he hecho en mi vida”.

Buena parte de la tierra se perdía con la lluvia y solo podía protegerla mientras tanto con plástico. 

Finalmente me aventé a hacer los adobes. Tres vecinos de la Azacualpa me ayudaron durante tres semanas. Hicimos 1,600 adobes, más o menos 100 por día. 

Se trata de adobes reforzados tipo TAISHIN, hechos con 4 cantidades de tierra blanca por 1 de barro. Yo además les puse zacate de arroz. “Pa´que amarre”, me dijo la sabiduría popular.

Los adobes necesitaron más de 15 días de secado al sol. Quedaron cachimbones. 

Los adobes parecían quesos gigantes.


Sin embargo, estaba preocupado por su fragilidad a la hora de trasportarlos. De Ilobasco a Guacotecti hay al menos 25 kilómetros. Una buena prensada fue la solución. En cuatro viajes que hicimos ni un solo adobe se quebró.

Camping

Ya con los adobes en el puesto y un sol radiante no había más que aventarse a construir la casa. Un joven albañil se entusiasmó como yo en la tarea y el 11 de enero comenzamos la construcción. 

Conté con la asesoría y capacitación de FUNDASAL, una oenegé involucrada en el proyecto TAISHIN. Ellos nos explicaron principalmente como amarrar las varas de castilla, algunos tipos de repello y afinado.

De ahí en adelante todo fue sentido común entre el manual de las 10 adobe-claves, el albañil, los ayudantes y yo. 

Mientras todo esto pasaba, un campamento se instaló por dos meses a un lado de la que sería la casa.

Claro que tuve miedo. Era yo solo con una hondilla en medio de la nada en una zona estigmatizada como peligrosa. A pesar de eso, nunca me ha pasado nada violento o referente a maras en La Antena. Nunca.

Para mi ventaja conté con buenos amigos y amigas que llegaban de vez en vez a compartir comida, un cafecito o simplemente a platicar.

Con solo que ellos llegaran y me dijeran “Guayo que bonita te va quedando la casa” la cara de cansancio me cambiaba y me daban más ganas de seguir haciendo bien las cosas al día siguiente.

Gracias Gorda, Flowers y Yamilek. Las extraño...


Cuando desmonté finalmente el camping me sentí triste. Era una cosa absurda porque ya tenía un techo donde protegerme. Metí las cosas en la casa y cerré la puerta. Era mi primera noche en mi primera casa.

La emoción que pensé vivir en ese momento no la sentí. La vengo sintiendo desde que me puse a cercar el terreno. Y la voy a seguir sintiendo a medida vaya ampliando la casa.

Cuesta decir “pase adelante”. Quien invita a pasar a su propia casa sabe a lo que me refiero.

Tamarindo: Casa sustentable y granja orgánica es un proyecto que vivirá hasta el final de mis días. Se trata de tecnologías apropiadas, permacultura, espiritualidad, rescate de tradiciones, respeto al planeta y apoyo a economías locales.

Se trata de reproducir un estilo de vida en sintonía con los recursos del planeta.









¿Quién construye una casa y se va? Es lo que me pregunto.

La dejo en muy buenas manos, con gente que comparte mi visión de vida. La retomaré tan pronto que nuevos recursos e ideas confluyan en la Casa Tamarindo.

Tener casa es extrañar la casa.