domingo, 15 de mayo de 2022

Alharaca

El pasado cinco de mayo se publicó en Alharaca un artículo sobre Tamarindo, casa sustentable. De la pluma de mi amiga Lauri García Dueñas pueden conocer mi casa - negocio, la descripción retrata este sueño hecho realidad que ahora me permito reproducir en este blog. El mes pasado les quedé debiendo el post mensual, espero no vuelva a pasar. Bienvenides otra vez.

Junto a mi esposa Lili


Tamarindo: Una casa sustentable en Guacotecti

 

Lauri García Dueñas


Eduardo Portillo, de 40 años, construyó su casa utópica en un paraje lejano de Guacotecti, Cabañas, El Salvador. “Tamarindo: casa sustentable” está rodeada de una cerca natural, con un baño seco, adobe sismoresistente, techo vivo, bosque comestible, huerto, milpa, salón de yoga, siete gallinas y un gallo.

Hace once años, Guayo se paró en la entrada del terreno que heredó de su padre y tomó una decisión que marcaría su vida y la de su familia. «Ya no quiero ser empleado», se dijo, a pesar de que estudió en una de las mejores universidades privadas de la capital y tenía un buen trabajo. ¿La razón? Se sentía lejos de su familia y de su origen en Guacotecti, Cabañas, El Salvador. 

Dicho y hecho, agarró sus tiliches (bártulos), se fue de mochilero y llegó hasta Cartagena de Indias, Colombia. Trabajó de chofer en San Vicente y las Granadinas y cumplió su sueño de conocer Brasil. Viajó durante tres meses y regresó a construir su hogar, el que en ese momento sólo estaba concebido en su mente. 

Ahora, en su casa sustentable en Guacotecti, nos recibe emocionado. Entre la minimalista decoración del lugar, una bandera brasileña sirve de recuerdo de su viaje iniciático.

«Esto es lo que he construido», subraya, y no es cosa menor. En El Salvador el acceso a la vivienda es un problema social y comprar una casa te puede costar no menos de 50,000 dólares. Guayo y un albañil con 22 años de experiencia construyeron ⎯basándose en un libro y en una capacitación, y por unos 4,000 dólares⎯una casa amplia, fresca, agradable y amigable con el medioambiente, que ahora se ha convertido en un hostal y lugar para eventos, entre otras cosas.

La familia ha crecido y ahora está conformada por su esposa, Lily Méndez, trabajadora social; Arleny (12 años) y Eli Sofía (4 meses). Un amigo en común los presentó y su intuición no le falló. Guayo y Lily están recién casados y Eli Sofía hace poco vino al mundo. 

De la mano de su esposa, amplió la visión para Tamarindo. «Yo no me hubiera animado a vender comida sin Lily», explica Guayo, mientras prepara unas hamburguesas de campeonato, y ella, unas deliciosas pupusas de ayote. La casa abrió sus puertas al público en 2016, pero ahora él ya no está solo. Su menú es apto para omnívoros y vegetarianos. 

La casa pasó de ser un centro vivencial de permacultura, tecnologías apropiadas, a un hostal, vivero, café, restaurante, lugar de eventos. Su principal objetivo es que las y los visitantes se lleven una experiencia para su propia vida cotidiana, según las palabras del fundador. 

Eduardo está recibiendo voluntarios nacionales e internacionales para mejorar Tamarindo. Siempre hay mucho que hacer, desde la madrugada, para mantener la casa viva, literalmente. La conversación con los visitantes pasa, entre otras cosas, por enseñarles a separar la basura y por instruirlos, mediante rótulos escritos e instrucciones verbales, sobre cómo funciona un baño seco. 

Al principio, uno puede tener vértigo de tirar el aserrín donde no debe pero, gracias al anfitrión, se termina por aprender. 

Toda utopía es dúctil y aunque el proyecto inició con el uso de paneles solares y agua recogida mediante la lluvia en una pileta, ahora posee electricidad y un baño con agua potable, debido a la llegada de las tres nuevas habitantes. Eduardo no lo lamenta, al contrario, sabe que cuando una utopía pasa de ser un sueño personal a uno familiar o colectivo, hay que adaptarse.

viernes, 25 de marzo de 2022

Pupusas

Hablemos de pupusas. Me puse a pensar en lo que podríamos llamar: el diario de una pupusera; o hablar sobre la elaboración y los ingredientes. La técnica tal vez. Me parece importante porque es un patrimonio que nos pertenece; si algo nos caracteriza como salvadoreños es nuestro plato nacional. El post de estos calurosos días de marzo. Bienvenides otra vez.

Les esperamos viernes, sábado y domingo

Estamos haciendo pupusas para vender y ya a este level nos gustaría ofrecer la mejor pupusa que podamos hacer en base a nuestra experiencia y paladar. Nos hemos adaptado a los precios del mercado y hemos logrado elaborar con calidad y frescura de ingredientes un resultado que nos satisface.

Veamos los ingredientes, primero el queso, hay que ponerle quesillo y luego se le raya queso duro, el de su preferencia, igual la cantidad, al gusto. Si le van a poner loroco o ayote tiene que ser fresco, excelente si es rayado o picado al momento. Se mescla todo y se hace algo como una pechuguita de queso.

Aquí en la casa la especialidad son las pupusas hechas con harina de arroz, pero también las hay de maíz si es el gusto del cliente. Aclaro que no son las de maíz original, es decir el maíz que se pone a coser y luego se lleva al molino. Evitamos ese trabajo porque nos es más fácil comprar la harina. Así que si su gusto es exigente no podemos más que comprender.

Seguimos con el chicharrón que solo lo puede procesar el molendero de tu vecindario. Al molerlo le puedes poner unos trozos de tomate, cebolla, chile verde, e incluso un par de panes o papas cosidas eso también cuenta para lograr el sabor y textura que buscamos, pero no debes abusar de los ingredientes.

Mi favorita es de Chicharrón con queso

El curtido y la salsa también son de vital importancia. Desde el corte del repollo, la selección de los ingredientes y condimentos propios de esa “ensaladita” que dicen los extranjeros; el tipo de cocción que tiene o no. Hay quien le gusta el curtido fresco y otros que lo prefieren más curtido (podrido). A la salsa hay que ponerle suficiente ajo, unas hojas de albahaca fresca, un poco de chile y cebolla, sal y pimienta al gusto. Un poco de zanahoria, solo para espesar un poco.

Los frijoles los cosemos en hoya de presión. Les ponemos ajo, cebolla y cúrcuma. También es trabajo del molendero conseguir la textura de este vital ingrediente de las auténticas pupusas salvadoreñas. El frijol y  el chicharrón se enduran en una cacerola con un poco de aceite, seguimos buscando textura para dejar todo listo y empezar a echar pupusas en la plancha.

Una vez frente a la plancha caliente hay que mover las manitas con harta habilidad para envolver con la masa todos los ingredientes que el cliente exige. Es como hacer un huequito, poner los ingredientes adentro, cerrarlo y luego aplastarlo con delicadeza buscando en lo posible un círculo. Yo nunca he podido, me quedan gruesas de masa en las orillas, parecen mastodontes.

Lily sí sabe hacerlas. Tiene escuela y las habilidades necesarias. Una vez ahí yo solo le digo en un papel: 4 R, 2 FQ, 3 QL y ella me entrega las humeantes pupusas que yo sirvo con la sonrisa que ya conocen. Somos un magnifico equipo y eso me hace feliz.

Vengan por sus pupusas a Tamarindo, casa sustentable. También les tenemos las internacionalmente famosas Kangreburgers y unos nachitos con chili para chuparse los dedos. Como siempre el cafecito de las montañas del Ocotillo y la helada de tu preferencia. Vengan antes que se suelte a llover del todo. Bendiciones.

martes, 22 de febrero de 2022

Amistad

Hace la mitad de mi vida hacía esta misma reflexión sobre los amigos y los legados que nos dan y nos dejan. Decía que todos se van y me daba tristeza, ganas de chillar porque no sabía hasta cuándo volvería a ver aquellas personas.

Aquellos a quienes dediqué el post continúan fuera. Crecimos juntos y llegamos a querernos mucho, nos llamábamos amigos. Pero de pronto algo ocurría y se tenían que ir. Debían elegir una vida en el extranjero mientras yo me he ido quedando y enraizando en el pulgarcito.

Este mes también me ha tocado vivir aquel mismo vacío y me dan ganas de escribir mi post de febrero sobre ese sentimiento tan etéreo y abrazador como es la amistad.

Nos volveremos a encontrar viejo de la montaña

Sin embargo, la inspiración no ha llegado y escribo más por la disciplina de hacerlo mensualmente.

Quiero escribir una historia de “largo aliento” pero la verdad es que aún no cuaja y no puedo más que esperar. Mientras eso ocurre leo lo mejor que se pone en frente.  

Solo quiero decir entonces que tener amigos vale igual o más que el dinero. Tener amigos te saca de apuros con facilidad y elegancia. Son tus amigos y la cercanía que tengas con ellos quienes determinan de alguna manera el andar de tu vida.

Este mes no es solo de amistad, es también de amor y yo estoy descubriendo un nuevo tipo de amor, el amor de padre que siento hacia mi querida Eli, de quien en algún momento les hablaré más adelante.

Feliz mes a todos, a mis amores y amigos, a mis cheros y conocidos. A quien se atreva  a leer estas letras vagas, feliz mes.