Mostrando las entradas con la etiqueta Tamarindo casa sustentable. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Tamarindo casa sustentable. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de mayo de 2022

Alharaca

El pasado cinco de mayo se publicó en Alharaca un artículo sobre Tamarindo, casa sustentable. De la pluma de mi amiga Lauri García Dueñas pueden conocer mi casa - negocio, la descripción retrata este sueño hecho realidad que ahora me permito reproducir en este blog. El mes pasado les quedé debiendo el post mensual, espero no vuelva a pasar. Bienvenides otra vez.

Junto a mi esposa Lili


Tamarindo: Una casa sustentable en Guacotecti

 

Lauri García Dueñas


Eduardo Portillo, de 40 años, construyó su casa utópica en un paraje lejano de Guacotecti, Cabañas, El Salvador. “Tamarindo: casa sustentable” está rodeada de una cerca natural, con un baño seco, adobe sismoresistente, techo vivo, bosque comestible, huerto, milpa, salón de yoga, siete gallinas y un gallo.

Hace once años, Guayo se paró en la entrada del terreno que heredó de su padre y tomó una decisión que marcaría su vida y la de su familia. «Ya no quiero ser empleado», se dijo, a pesar de que estudió en una de las mejores universidades privadas de la capital y tenía un buen trabajo. ¿La razón? Se sentía lejos de su familia y de su origen en Guacotecti, Cabañas, El Salvador. 

Dicho y hecho, agarró sus tiliches (bártulos), se fue de mochilero y llegó hasta Cartagena de Indias, Colombia. Trabajó de chofer en San Vicente y las Granadinas y cumplió su sueño de conocer Brasil. Viajó durante tres meses y regresó a construir su hogar, el que en ese momento sólo estaba concebido en su mente. 

Ahora, en su casa sustentable en Guacotecti, nos recibe emocionado. Entre la minimalista decoración del lugar, una bandera brasileña sirve de recuerdo de su viaje iniciático.

«Esto es lo que he construido», subraya, y no es cosa menor. En El Salvador el acceso a la vivienda es un problema social y comprar una casa te puede costar no menos de 50,000 dólares. Guayo y un albañil con 22 años de experiencia construyeron ⎯basándose en un libro y en una capacitación, y por unos 4,000 dólares⎯una casa amplia, fresca, agradable y amigable con el medioambiente, que ahora se ha convertido en un hostal y lugar para eventos, entre otras cosas.

La familia ha crecido y ahora está conformada por su esposa, Lily Méndez, trabajadora social; Arleny (12 años) y Eli Sofía (4 meses). Un amigo en común los presentó y su intuición no le falló. Guayo y Lily están recién casados y Eli Sofía hace poco vino al mundo. 

De la mano de su esposa, amplió la visión para Tamarindo. «Yo no me hubiera animado a vender comida sin Lily», explica Guayo, mientras prepara unas hamburguesas de campeonato, y ella, unas deliciosas pupusas de ayote. La casa abrió sus puertas al público en 2016, pero ahora él ya no está solo. Su menú es apto para omnívoros y vegetarianos. 

La casa pasó de ser un centro vivencial de permacultura, tecnologías apropiadas, a un hostal, vivero, café, restaurante, lugar de eventos. Su principal objetivo es que las y los visitantes se lleven una experiencia para su propia vida cotidiana, según las palabras del fundador. 

Eduardo está recibiendo voluntarios nacionales e internacionales para mejorar Tamarindo. Siempre hay mucho que hacer, desde la madrugada, para mantener la casa viva, literalmente. La conversación con los visitantes pasa, entre otras cosas, por enseñarles a separar la basura y por instruirlos, mediante rótulos escritos e instrucciones verbales, sobre cómo funciona un baño seco. 

Al principio, uno puede tener vértigo de tirar el aserrín donde no debe pero, gracias al anfitrión, se termina por aprender. 

Toda utopía es dúctil y aunque el proyecto inició con el uso de paneles solares y agua recogida mediante la lluvia en una pileta, ahora posee electricidad y un baño con agua potable, debido a la llegada de las tres nuevas habitantes. Eduardo no lo lamenta, al contrario, sabe que cuando una utopía pasa de ser un sueño personal a uno familiar o colectivo, hay que adaptarse.

domingo, 23 de agosto de 2020

Reapertura

Entre otras cosas, me dedico al turismo, el último sector que verá la luz luego de la cuarentena por Covid-19.

Debo alistar mi business en esta reapertura, me han soplado que el turismo local se va activar con fuerza y los establecimientos debemos estar preparados para mayores flujos de personas.

Ahí me pregunto ¿realmente estoy listo? La respuesta es sí, al menos para atender a diez personas.

"Tamarindo, casa sustentable" desde el aire

Mi casa tiene un aforo de 30 personas. Ocho pueden dormir en camas mientras otros tres duermen en hamacas y al menos 20 más en tiendas de campaña.

Solo hay una letrina y una ducha por lo que se debe ser muy paciente si hay 30 huéspedes, algo que nunca ha ocurrido. La vez que más se hospedaron han sido diez y nos ha ido bastante bien. 

Cuarto de Heidi, valor por persona $7.00 diarios

Pues bien, pensando en estos pequeños grupos de entre cinco y diez personas que vienen a Tamarindo, casa sustentable y se alojan hasta por tres días he diseñado dos paseos para quienes quieren vivenciar la naturaleza del departamento de Cabañas.

Esta es mi reapertura, les traigo estos dos tours: Lempa y Cinquera, dos lugares de belleza exuberante y única en el país. Cuando se reabra el turismo te invito a que vengas a descubrirlos. 

Lempa

El río más largo y menos contaminado de El Salvador. Vamos al puente Nuevo Edén de San Juan, el río divide en esa zona al municipio de Dolores (Cabañas) y a Nuevo Edén de San Juan (San Miguel).


A la izquierda San Miguel, a la derecha Cabañas


Facilidades para paseo en lancha y pescado frito!


Ideal para nadadores expertos y los amantes a los paseos en lancha. Se puede degustar, si se solicita con anticipación, un delicioso pescado frito ( x $5 aprox.). El viaje desde Tamarindo dura entre 30 y 40 minutos.

Cinquera

Al oeste del departamento, Cinquera parece un lugar detenido en el tiempo. Como plato principal nos ofrece su bosque donde habita el espirito del rio que encontramos en los despeñaderos que lo atraviesan.

Entrar cuesta un dólar y en el lugar no hay venta de alimentos por lo que recomiendo llevar.


La última vez que fui el costo para nacionales al bosque de Cinquera era de $1.00.
A esta poza le dicen "El Saltón"


El parque de Cinquera, su iglesia y murales nos recuerdan el crudo pasado de la guerra. Para llegar a este pueblo es preciso pasar, antes o después, por la cuidad de las artesanías: Ilobasco. Desde Tamarindo el viaje puede durar entre una hora y una hora quince.

Cualquiera de los dos tours se puede hacer en mi vehículo, que tiene capacidad para entre seis y diez personas. Y yo soy el mejor guía turístico del arrabal.

Recomiendo un viaje de tres días y dos noches, pero claro que también se puede hacer en menos tiempo.  Mi casa es su casa. Anímense hacer turismo local. Anímense apoyar a nuestro sector en esta reapertura. 


Les extraño. Ojalá nos veamos pronto!

martes, 19 de mayo de 2020

Sustentable

Mantenerme con lo que produzco en casa es una locura de hace diez años. Siempre me preguntan ¿realmente vivís únicamente con lo que produces? La respuesta es no. Esta locura requiere respetar los ritmos de la naturaleza, abandonar estilos de vida, adaptarse... El Covid19 me confirma que no ha sido un esfuerzo en vano, que estoy en el camino que quiero.

Nunca más compré guineos!

La vida me ha traído hasta este momento en el que dispongo de una tarde de domingo para escribir sobre mí mismo, para sumar una entrada a este diario personal.

Afuera hay crisis de salud, económica y política. Estoy preocupado, de eso no hay duda, pero me reconforta saber que el estilo de vida que he adoptado también me da la tranquilidad para poderme dar este tiempo.

Hace casi diez años renuncié a un sistema que me traía abatido. Fue una decisión difícil y motivada por varios factores que no voy a explicar aquí porque sería divagar mucho en cosas que ni siquiera yo comprendo.

La cuestión es que di el paso. Renuncié a un trabajo bien remunerado, vendí mi carro, me fui a viajar, a vivir y a trabajar en otros países, me volví a enamorar y sobre todo comencé un proyecto que es ahora mi carta de presentación, es lo que hago, a lo que dedico todo mi esfuerzo físico e intelectual. 

Tuve mucho miedo, me sentí en la cuerda floja. Enfrenté con necedad las críticas y encontré personas que me dieron las palabras de aliento que necesitaba.

Cuando comenzaron a reconocerme por mi trabajo en Tamarindo,casa sustentable supe que había dado un salto cualitativo en mi vida, supe que era capaz y que lo que pasara de ahí en adelante iba a depender de mí.

Evidentemente mi realidad y decisiones me han permitido estar donde estoy. Tuve suerte de heredar una propiedad, de tener una buena educación y una familia que me apoya. Suerte de no tener dependientes y de tener solvencia económica.  

Claro, muchos dirán que soy un suertudo y sí que lo soy. No me estoy jactando de mi vida. Como todos, yo también tengo necesidades, pero este silencio del que disfruto ahora mismo, el olor del café recién hecho o comer un fruto de mi huerto es para mí la felicidad. La felicidad de estar tranquilo aun en tiempos de crisis.
 
Mi trabajo no se ha visto afectado por la cuarentena. Hace dos días sembré la milpa y todos los días doy un paseo por mi huerto para atender a mis plantas que me dan comida. Mi business sí está cerrado, porque pertenece al rubro turístico, pero en una casa como la mía el trabajo nunca acaba.  

No vivo únicamente de lo que produzco. No produzco sal, azúcar o aceite, tampoco he logrado abandonar el café o las cervezas. Pero mis gallinas ponen huevos todos los días y siempre hay algún arbolito dando frutas.

Cuando comencé aquí no había gallinas ni árboles frutales, esto de ser sustentable es un proceso que no se logra de la noche a la mañana y que requiere atención constante.

Esta cuarentena me tiene más solitario que de costumbre, pero ha venido a validar mi trabajo. Espero, que como a mí, a vos también te fortalezca este tiempo difícil y que cuando esto acabe nos encontremos para compartir lo bueno que nos deja.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Comida

Aquí mostraré los frutos producidos en Tamarindo, casasustentable. Las siguientes fotos son una primera entrega del álbum que comienzo a nutrir este septiembre de 2019 y al que he llamado instintivamente Comida. 

Guineos majonchos

Ser sustentable alimentariamente es un reto para mí. Quiero mostrar y compartir esa alegría que me da cuando recojo la fruta o corto de mi huerto las especias para la comida.

Y sí, siempre tengo frutas orgánicas y frescas sobre mi mesa. Puedo desayunar guineos majonchos fritos, hacer unos tostones en el almuerzo y cenar el mismo guineo, pero quizás  asado.

Tengo ahorita arrayanes que es maravilla, los congelo así que tengo para un par de meses. Antier me comí una sincuya, lo sé para algunos suena a fruta exótica y lo es porque cada vez hay menos.

No sé qué es comprar  un limón y últimamente he descubierto lo buena que queda la limonada con hojas de hierba buena.

Si hago una sopa de gallina le puedo echar hijos de piña o jilotes recién cortados. Cuando quiero condimentar mis platillos, una cocina muy creativa por cierto, corro a las matas de albahaca, hierba buena, orégano, romero, alcapate…

También me da gusto tener aquí mismo mi farmacia personalizada. Mi mamá me ha metido en la cabeza que las plantas medicinales que uno necesita crecen en su propio jardín, en su frente. Yo me he creído la fantasía y he aprendido a respetar todo tipo de monte.

Doy fe que me he quitado dolores a puras chuponeadas de agua tibia con orégano y ya ni se diga lo bien que le hace el jengibre a mi rinosinusitis. Nada compro, todo ya está en casa.

Claro, me dedico al jardín al menos dos horas al día. Me digo que es más barato que la terapia.

Arrayanes, pura vitamina C

Como no compartir entonces las fotos de la fruta, que por cierto dependerán del mes; de la temporada. No habrá así repeticiones y al pasar un año tendré mi calendario completo.

O quizás no, porque las condiciones del clima cambian, porque a veces misteriosamente no hay cosechas, porque tus vecinos los pájaros pensaron en ayudarte a comer o porque alimentaste sin saber a un ejército de zompopos.   

Cualquier cosa puede pasar así que mejor no me comprometo. Pero intentaré sumar a este post las fotos de nuevos manjares naturales, espero acordarme.  

Me he comprometido sí a publicar un post en este blog cada mes. El viaje a Perú me aliviano bastante, pero eso ya paso. Es hora de volver a hablar de las cosas que me pasan, de compartir lo que me parece valioso de la vida.

Pensé en escribir de Antigua Guatemala porque fui hace poco, pero recordé que esto no es una guía de viajes. Algo de la independencia quizá, pero me dio gueba.

El acontecer nacional lo hacen ya los medios, a veces también yo lo hago, pero no deja de ser solo mi opinión y a veces me estresa; con el ejercicio de escribir pretendo otra cosa.

Podría haber sido también una recomendación de libro. Y hay uno que voy a recomendar, con el perdón del comercial, se llama “Abril rojo” del autor peruano Santiago Roncagliolo, trata una temática muy peruana, que no aplica para este post, pero que considero de lectura necesaria. 

Como casi se acaba septiembre, me toca obligarme, y como en los viejos tiempos, sentarme frente a la compu, frente a una pantalla blanca, y escribir. Redactar estas ideas que no siempre salen en orden.

Limones, hay indios y pérsicos 

Pues bien, debo decir que me inspira algo que me dijeron recientemente: “escribir es una acción sanadora”. No es que esté doliente, pero es otra fantasía que me gusta creer.

Así que sin tener claro el tema pensé en fotografiar la comida que produzco. Un tema banal y cotidiano, pero también tan básico e indispensable. Un tema del que se me antojo escribir.

Yo cultivo mi comida. No toda, obviamente, pero cada vez traigo menos vegetales del mercado porque tengo en casa varias cosas que necesito.

Han ido apareciendo con el tiempo, hay varios árboles  que han dado sus primeros frutos y estoy en la espera de más. Descubrir un fruto nuevo me dibuja una sonrisa y me hace sentir bien durante toda la jornada.

Al ser sorpresivos, los frutos, se deben cultivar de manera necesariamente alternativa, quiero decir variada. Hay que decidir conscientemente lo que se va a cultivar y lo que no. Observar los procesos, los tiempos, descubrir para qué es buena la tierra donde uno vive.

Yo prácticamente he dejado que árboles y plantas comestibles crezcan a sus anchas. Tengo espacio aun y por eso lo había permitido. Pero debo confesar que últimamente me ha tocado mochar las ramas de los palos que sembré hace nueve años.

Han crecido mucho y tienen que dar espacio a sus hermanos. Un sentimiento de tristeza me invade cuando los podo, así deben sentir los papás cuando les cortan el pelo a sus hijos la primera vez.

No hay buen macarrón sin albahaca

Guanábana

Mi dieta en la última semana

lunes, 1 de octubre de 2018

Voluntariado

Aquí el programa de voluntariado de Tamarindo. Les comparto esta primera experiencia con Viki (Francia) y Gerson (Honduras). Vengan a experimentar. Compartamos.

Pienso que hacer voluntariado es compartir lo más valioso que tenemos: nuestro tiempo. Compartir lo que somos, lo que sabemos. Sin horarios ni salarios. Pura amistad.

Yo tuve una linda experiencia de voluntariado en el Zopilote de Ometepe, en Nicaragua. En mi casa es algo que siempre he tenido en mente, que no había vivido pero que me pasó hace unos días y se los traigo como post de octubre.

Tengo un tío que vive en Livingston, Guate, que conoció a una chica y pensó que sería interesante que Viki, la francesita, pasará por mi casa en su ruta hacia el sur del continente.

Un par de meses después Vicki me contacta, me cuenta que ya está en El Salvador y que está viajando con un amigo hondureño.

Acordamos hacer un voluntariado, un primer experimento, en mi casa. Ella viene de trabajar y viajar haciendo voluntariado hace varios años, él tiene experiencia en turismo y foto, vive la emoción de su primer viaje fuera de las Honduras. Por mi parte pienso que el experimento es un excelente chance de poner sobre papel este programa.

El resultado fue que pasamos una semana jugando a ser mejores amigos, hablamos con sinceridad, compartimos tiempo de calidad, aprendimos y principalmente nos encontramos para ahora decir que nos conocemos.


De goma tomando sopa de frijoles

Estas son pues las especificaciones del programa:

PROGRAMA DE VOLUNTARIADO
DE TAMARINDO CASA SUSTENTABLE
ACTUALIZADO A OCTUBRE DE 2018

El trabajo se puede realizar en cinco áreas: 1 PERMACULTURA, 2 GRANJA, 3 BIO CONSTRUCCIÓN, 4 ATENCIÓN AL CLIENTE Y 5 LIMPIEZA.

·    Mínimo de estancia: UNA SEMANA

·    Ser responsable con las tareas asignadas durante al menos CUATRO HORAS DIARIAS.
·    El programa requiere que el voluntario (a) sea una persona ORDENADA con sus cosas y las de Tamarindo.

      El programa NO INCLUYE COMIDAS y actualmente en el establecimiento NO HAY WIFI.

·    Se ofrece 1 ALOJAMIENTO: espacio para acampar, hamaca o cama en cuarto colectivo cuando hay disponibilidad. 2 COCINA COMPARTIDA: estufa y horno a leña. 3 AGUA POTABLE. 4 ACCESO A ÁREAS COMUNES: baño seco, yoga studio. 5 INFORMACIÓN TURÍSTICA.

La solicitud se debe hacer con al menos una semana de anticipación a través de la fanpage de Tamarindo en Facebook o al correo portillo.eduardo@gmail.com

Simpatizamos de entrada. Reviví el mochilero que vive en mí

Viki y Gerson me lavaron la pila-piscina, me ayudaron a deshierbar el techo vivo, a limpiar el gallinero, el cuarto de Heidi y el yoga studio. Me destusaron maíz, alimentaron y bañaron a mis mascotas. Me ayudaron mucho en un momento que me era difícil hacer todo eso a causa de la pata que aún me duele.

Compartimos anécdotas de viaje, formas de ver la vida, secretos médicos y culinarios, compartimos cultura, me contaron sin ataduras cómo son sus países y yo les conté sobre este pulgarcito.

Les deseo lo mejor en sus viajes y en sus vidas chicos. El globo es muy pequeño para no volvernos a encontrar. Ojalá sea pronto.

A mis lectores les pido que si saben de alguien interesado compartan este programa. Les espero. Guayo.

Maylo y la Fide despidiendo a nuestros nuevos amigos

sábado, 4 de agosto de 2018

Menú

Productos y servicios ofrecidos en "Tamarindo, casa sustentable". 

TAMARINDO
casa sustentable
Guacotecti, El Salvador, C.A.
duduportillo.blogspot.com
(503) 6025-4116




Qué es: Tamarindo es un espacio de habitación auto sostenible a través de tecnologías apropiadas. Una casa que se mantiene a si misma sin demandar recursos externos y que en su lugar produce energías y alimentos. Su principal misión es reproducir el tema de la sustentabilidad y demostrar que es posible vivir en armonía con la naturaleza.

Cómo se hace: A través de tecnologías apropiadas aplicadas a su funcionamiento general. A 2018 cuenta con cinco de estos métodos amigables con el ambiente. Es un centro demostrativo para que las personas conozcan al respecto. Desde sus inicios en 2012 desarrolla un huerto que produce alimentos de manera orgánica. Hay un bosque comestible y una cerca viva que se desarrollan con principios de permacultura. Además, separación y disposición final responsable de la basura, prohibición del uso de desechables, captación de agua lluvia, cocina ahorradora de leña, entre otros.

Por qué hacer esto: El planeta está en una situación delicada en cuanto a su equilibrio. Como especie, hemos modificado los ejes naturales de este lugar que llamamos hogar. Las consecuencias afectan el estilo de vida consumista que tenemos y que cada día es más difícil de sobrellevar. Ante tal situación, la adaptabilidad y la sustentabilidad parecen ser una posición coherente. Tamarindo pretende llevar la información al respecto a sus vecinos en Cabañas, El Salvador y el mundo.


VIVERO


Plantas ornamentales y frutales desde $ 2.00
Macetas desde: $ 5.00
Abono orgánico (bolsa de 10 libras): $ 1.00
Pregunte por frutas y vegetales de temporada


CAFÉ


Taza de café negro o con leche: $ 0.50
Refresco natural: $ 0.50
Libra de café molido: $ 4.00
Quesadilla: $ 1.00 (pregunte por la hornada de 30)
Desayuno campeón (frijoles, huevos, queso, crema, plátano, pan blanco, café): $ 2.50
Desayuno más al suave (cereal, leche, fruta, miel, café): $ 2.00
Gaseosa: $ 0.50
Cerveza: $ 2.00
Pregunte por los tragos (Wiskoco, Rosa de Sarón, Caipirinha, Rum Pounch): $ 2.00


HOSTAL


Cuarto de Heidi (habitación privada, cama matrimonial): $ 10.00 p/p
Cuarto colectivo (habitación compartida, cama individual): $ 7.00 p/c
Hamaca | Sleepingbag | Acampar: $ 3.00
Clases de Yoga - Capoeira
Clase experimental: Gratis
Clase individual: $ 5.00
Programa mensual (12 clases. Tres por semana): $ 30.00


Tu propina es colaboración voluntaria

miércoles, 6 de junio de 2018

Techo vivo

Las tecnologías apropiadas reutilizan energía y respetan las leyes del ambiente. Mi casa estrena este invierno un techo vivo. Al 2 x 1, como las donas: techar el área de baño y crear un jardín sobre ese tejado. Funciona. Como funcionan los otros métodos que mantienen a Tamarindo, casa sustentable. Esta es la historia.

Hierba buena. Excelente en mojitos y salpicón.

La ducha de mi casa es al aire libre. Cuando me baño, en lugar de paredes y azulejos me cubren matas de huerta. No tengo intimidad, cualquiera puede ir pasando y tratar de ver algo por entre la Cerca viva y las bananeiras. No sé si ha pasado o si pasa, a mí la ducha me da confidencia ante la desnudez.

Tampoco es que sea exhibicionista, más bien mi ducha está en proceso de construcción. Está inacabada pues. Le falta otra vegetación que cubra mejor el espacio. Plantas de sombra, macetas colgantes con Colas de ardilla… ¿Qué tal orquídeas?

Sin embargo, bañarse mientras llueve no es muy chistoso. Al principio cubrí la ducha con unos pedazos de costanera, vara de bambú y lámina, una mediagua que al año comenzó a deteriorarse debido a la humedad.

Quise entonces crear un nuevo y definitivo techo para mi cuarto de baño. De inmediato aparecieron ante mí los techos vivos. En Piracanga había visto ya uno. Aquel era de madera y desaguarlo no era del todo fácil.

Pensé en usar concreto. Diseñé pues un pequeño plafón, con una inclinación para facilitar la salida de agua.

Dividí el planchón, de menos de 3 x 3 metros, en cuatro jardineras o arriates para cultivar ahí un pequeño jardín, las divisiones están hechas con dos hileras de ladrillos de obra pegados ¨de lazo¨. Las jardineras tienen pequeños agujeros, del tamaño de un vaso, que hacen la función de drenajes.

Le platiqué la idea a don José, un nuevo albañil que encontré en mi comunidad y que entendió de una de qué se trataba la vaina. Trabajamos durante un mes, exactamente diciembre del año pasado. El techo estaba listo para preparar el suelo.

Un plástico que funciona como membrana impermeable.

Hoyitos en cada jardinera como sistema de drenaje.

En internet vi que había tres tipos de techos vivos: intensivos, semi intensivos y extensivos, esto depende de la profundidad del medio de cultivo y del grado de mantenimiento requerido.

Un techo extensivo es dejar que cualquier planta crezca y se mantenga salvaje, uno semi intensivo podría ser con grama y uno intensivo en aquel donde se cultivan plantas ornamentales o alimenticias.

La información en la web también repetía la importancia de una membrana impermeable y capas que faciliten el drenaje y que funcionen como barrera para las raíces.

Decidí únicamente usar un plástico, que venía con unas colchonetas, como membrana y barrera de raíces. El resto, es decir el drenaje, consistía en los hoyitos pre fabricados en las jardineras. Esto sería una prueba, con ideas de que tal vez algo fallara.

Lo fui rellenando de a poco con el abono que preparo a base del compostaje producido en el Baño seco. Luego vino la prueba de fuego, o más bien de lluvia.

Después de una recia tormenta quedó demostrada su efectividad. No se inundó ni se rebalsó. El agua se filtró de a poco, en cuestión de un par de horas. Prueba superada, llegó entonces el momento de plantar.

Jengibre: expectorante natural y muy usado en recetas de cocina.

Sembré plantas que se reproducen con facilidad: Jengibre, Hierba buena y Zacate limón. En la cuarta jardinera estoy experimentado con tomates. Estos alimentos y medicamentos tienen poco más de un mes trasplantados y ya ven lo alegre de su verdor.

Además de la Cerca viva y el Baño seco en Tamarindo también hay una Turbo cocina, Energía solar, Círculos de bananeiras y se desarrolla un Bosque comestible.

Mi casa es un centro de tecnologías apropiadas que busca generar conciencia ambiental. Cuando quieran vengan a conocer y platicamos sobre estos procesos. 

Al medio ambiente no deberíamos celebrarlo un único día. Deberíamos de celebrarlo, protegerlo y aprender de él todos los días.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Electricidad

Yo me decía que Tamarindo no iba a conectarse a la red de energía eléctrica; que iba abastecerse y funcionar con energía solar. Sin embargo, mis necesidades y las del proyecto han aumentado así que hace unos días decidí contratar el servicio de CAESS. En términos económicos es más rentable pagar mensualmente un recibo que montar un sistema solar más complejo.

Mi casa no ha dejado de ser sustentable por esto. Al contrario: la sustentabilidad es también adaptación a las necesidades. En este post quiero contarles del proceso y reflexionar al respecto.


Tamarindo iluminada con energía solar y comercial

Hace tres años instalé un sistema fotovoltaico aislado en Tamarindo,casa sustentable. Un pequeño sistema de energía solar que me abastecía de iluminación y carga de teléfono celular. Estaba muy contento con mi panel artesanal, mis lámparas LED y mi batería de carro. Contento de aprovechar la energía limpia del sol.

Llegaron los días grises y la batería dejo de completar su carga, por otro lado, las baterías tienen vida útil y la mía se comenzó a dañar. Además, el panel tuvo una filtración de agua; durante su reparación me quedé dos meses a oscuras.

Yo podría haber comprado paneles de fábrica o baterías especializadas, pero aun así mis necesidades y las de mis huéspedes (consumidores) no iban a ser satisfechas.

Me he puesto a estudiar francés y ahora también necesito cargar una laptop. Todo el tiempo mis visitas quieren cargar sus teléfonos móviles, situación que el sistema solar no podía satisfacer por completo.

Decidí entonces contratar el servicio de energía eléctrica con la empresa CAESS y mantener el sistema solar únicamente como muestra y en días que no cuente con el suministro comercial.

Sistema solar cuenta con dos paneles y genera unos 140 watts/h

Como me imaginaba, con CAESS la relación no ha sido muy romántica y aun así nos terminamos casando. Fue difícil instalar el servicio porque al no tener vecinos me tocó invertir en la red. Tuve que comprar dos postes y la instalación tardó más de lo que esperaba.

Ahora estoy más cómodo. Consumo más energía y realizó nuevas tareas. También estoy contento porque al haber demorado en la instalación de la energía comercial aprendí y lirié con la captura y almacenamiento de la energía del sol. Una tecnología apropiada que está de muestra en Tamarindo. Tan simple como apretar un botón.  

Aprendí que un panel artesanal sino está bien sellado puede tener filtraciones de agua y dañar las celdas. Que las baterías para carro sí funcionan en estos sistemas, pero que hay baterías especiales, un poco más caras, que pueden tener mayor durabilidad.

Aprendí que para cargar un teléfono no necesito un inversor de 400 watts y que ciertos electrodomésticos como las licuadoras y las planchas para ropa consumen mucha energía.

Mayor comodidad para los huéspedes 

Ahora mi casa está mejor iluminada, puedo ofrecer una bebida fría o la oportunidad de cargar sus teléfonos a quienes se hospedan. Este confort me gusta y lo aprovecho al máximo. También les gusta a mis visitas, quienes no siempre le hacían buena cara a la idea de alumbrarse con candelas o tener que apagar sus móviles.

En unas mentorías que recibí a inicios de año en la UCA me preguntaron qué era lo que yo quería con Tamarindo. Les dije que quiero que la gente conozca el lugar, que tenga una experiencia de sustentabilidad. Me sugirieron que adaptara esa experiencia a las necesidades y gustos de mis “clientes”. Que no hacía nada con un lugar muy lindo y auténtico si nadie lo visitaba.

Esas bofetadas me asentaron bien. Ahora con mayor energía puedo pensar en nuevos servicios y productos para atraer a esos clientes, para que consuman y me hagan realmente sustentable.

En mi proyecto la sustentabilidad no es solo vivir de lo que la naturaleza me brinda, sino adaptar y vender mis productos y servicios.

Algunos se ríen y me dicen que ya no soy tan sustentable. Yo me sonrío porque ahora viene más gente y tengo más oportunidades de venderles la idea general de Tamarindo.

Ya vino la primera carta de amor que CAESS me va a mandar mensualmente, mensajes que sin duda se pondrán más intensos con el paso del tiempo. Aun no tengo muchos electrodomésticos porque me acostumbre a prescindir de ellos, supongo que algunos irán llegando con el tiempo.