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sábado, 13 de febrero de 2016

Carnaval

Hace unos 10 años conocí una brasileña que tiene fuego en los pies. Un pique por el baile que hasta ahora me parece surreal. Esa mineira me enseñó a sambar y sé que continua incansable y siempre presta para el siguiente ritmo.

Al verla me preguntaba si todos los brasileños eran así. Vivir aquí y verles el talento me respondió que sí. Debe haber excepciones, claro, pero en general a la gente de Brasil le gusta bailar. He aquí mis impresiones de su mayor fiesta popular:

El Carnaval de Rio es considerado el mayor del mundo.

No hay fecha definida para celebrar el Carnaval que ocurre una vez al año los cuatro días antes del Miércoles de ceniza. Al igual que la Pascua esta es una fecha que no se fija en relación al calendario civil que todos conocemos, sino que se mueve, por acuerdo Cristiano, al ritmo de equinoccios y lunas llenas.

Así el próximo Miércoles de ceniza será el primero de marzo  y en 2018 será el 14 de febrero. No hay más remedio que vivir pendiente, pues en algún momento, entre febrero y marzo, el Carnaval estalla en Brasil. Y de qué manera...

Hay miles de personas (muchas costureras) que literalmente viven del Carnaval, se la pasan el año entero trabajando exclusivamente para esos días de color, música, baile, fantasías y qué sé yo que otras cosas. Hay mucho dinero envuelto. Participación de gobiernos municipales y empresas privadas.

Pero bueno vamos en orden para no confundirme y para no confundirlos. Me preguntaron un par de veces si el Carnaval era únicamente en Rio de Janeiro. La respuesta es no. La fiesta es nacional y en cada  rincón tiene sus peculiaridades. Que en Rio es más famoso es cierto. Quien no quisiera visitar la Ciudad Maravillosa y ver de cerca el desfile de las Escuelas de Samba.

Ese desfile es lo que uno conoce desde afuera. La mujer semidesnuda en el Sambodromo es el cartón postal. De nuevo, es cierto que el Carnaval carioca es el sueño de consumo de muchos, ocupa espacio en los medios de comunicación y tiene proyección internacional, pero aquí en Brasil es solo parte de la fiesta.

Reinas de Escuelas de Samba: cartón postal del Carnaval.

En Rio de Janeiro y São Paulo reina la Samba. La mayor atracción son los desfiles de las 12 Escuelas que compiten en cada ciudad. En São Paulo los desfiles fueron viernes y sábado y en Rio domingo y lunes. Fueron cuatro días de transmisión en vivo en la televisión desde las 10 de la noche hasta las 6 de la mañana.

Es difícil explicar cómo funcionan las Escuelas, que realmente son organizaciones que representan alguna comunidad o sector de la sociedad. En el desfile participan unas tres mil personas entre músicos, bailarines y personas que todos los años compran la fantasía y desfilan. Aman su Escuela, se sienten representados en ella.

Cada Escola elige un tema y desfila por una hora y veinte minutos ante los ojos de otros miles que pagaron para verles. Llevan carros alegóricos hiper elaborados además de artistas y personalidades como invitados.

Todos los miembros de la Escuela cantan al unísono un Enrredo (coro) que ha sido compuesto especialmente para la ocasión. Se trata pues de una reñida competencia que tiene como premio, además de prestigio, una buena suma de plata.

Mangueira, ganadora 2016. Homenaje a Maria Bethânia.

Mientras las Escuelas de Samba se disputan en Rio y São Paulo, los “Tríos eléctricos” hacen de las suyas en muchas ciudades de Bahía, al nordeste del país. Un trio elétrico es un camión modificado para convertirse en palco donde famosos artistas dan show y derrochan sudor y energía.

Durante cuatro horas el camión recorre cuatro kilómetros, esto varía dependiendo la ciudad pero es un promedio. Va más lento que una tortuga y a ratos se detiene. El público puede seguir el camión o esperar a que pase, dar una bailadita y esperar el siguiente trío.

Ivete Sangalo, Claudia Leitte y Daniela Mercury destacan en Bahía.

En Bahía no reina la Samba sino el Axé, ritmo movimentado que incluye el rompimiento de caderas y el culeo. Me recuerda al Perreo intenso, pero al estilo brasileño: menos sensual y más técnico.

En Salvador, capital de Bahía, algunos trios venden Abadás, camisetas distintivas del trío o artista, que permiten aproximarse al camión. Quien no tiene la camiseta es llamado de Pipoca (palomita de maíz) y no puede acercarse, un lazo y varios chaneques se lo impiden. Esa modalidad ha sido criticada por violentar el espíritu de libertad que envuelve al Carnaval.

En Pernambuco no es Samba ni Axé, el ritmo que anima el Carnaval en ciudades como Recife y Olinda se llama Frevo, un sonido acelerado que mezcla ritmos de Marcha y Capoeira.

Carnaval en Pernambuco conocido por sus muñecos de Olinda.

Entonces, el Carnaval se vive en Brasil entero, pero es más famoso y animado en estos cuatro lugares: Rio de Janeiro, São Paulo, Salvador y Recife. Si usted es turista y quiere venir a Brasil en época de Carnaval vaya a cualquiera de esos cuatro. Yo estoy curioso por el de Recife.

En todo Brasil, sin embargo, se organizan Blocos de Carnaval, estos son grupos de personas que se organizan y salen a las calles con la misma fantasía (traje o disfraz) y que tienen alguna cosa en común, cualquier cosa. Todo se vale para salir a bailar, cantar, y celebrar el Carnaval.

En Arraial d´ Ajuda, parte de la municipalidad de Puerto Seguro (Bahía), se organizaron blocos ingeniosos y simples como los Lodo y los Hojas, sí, así nomás, unos se llenaron de lodo y los otros de hojas y salieron a las calles con el mismo entusiasmo que salen las Escuelas de Samba en Rio. Chis.

Seguí sin mucho entusiasmo algunos blocos, la verdad todo era tan nuevo que preferí observar a participar. Doy fe de la grandeza de esta fiesta y secundo lo que por aquí se pregona: el año comienza sólo después del Carnaval.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Rio

Brasil me está gustando, quizá demasiado. Hoy caminando en chanclas por el centro de Rio hasta me sentí carioca. La ciudad es tan maravillosa como dice la canción. Me abate porque uno es galgo y quisiera verlo todo, pero eso es imposible en un par de semanas. Estas son las primeras impresiones de apenas dos días en Rio.

Desde hace unos 10 años le tengo un cariño especial a Brasil. Me puse a estudiar portugués y a trabajar con brasileños. Me puse a escuchar MPB (Música Popular Brasileña) y me venía a dar una vuelta por aquí escuchando a Caetano Veloso. Me puse a comer feijoada con farinha. Me puse a “procurar” películas brasileñas y hasta adopté ese “procurar” en mi hablado. Hasta un negocio quise poner, una venta de jugos de frutas, como las hay tantas aquí.

Cuando la gente veía mi pasión por esté país y me preguntaban “pero ya estuviste por allá” algo aguebado les confesaba que no. Entonces me repreguntaban con la mirada “como es que te gusta tanto sin conocer”. Yo siempre respondí que no sabía el porqué de ese gusto y remataba que quizá algo me estaba esperando en Brasil.

Palacio Tiradentes, donde funciona el Congreso estadual de Rio.

Me he venido a buscar ese algo sin saber si lo voy a encontrar, sin saber si existe en realidad. Buscarlo o encontrarlo no me preocupa. Es tan especial que aparecerá o no de forma natural, supongo, quien sabe. Que llegue o no es algo que se lo dejo al viento.

En Panamá agarré un avión repleto de brasileños. Intenté dormir un poco durante las seis horas de vuelo y creo que lo conseguí, a medias, porque cuando llegamos al aeropuerto Galeão tenía aquella incomoda sensación de desvelo. Pero bueno, había llegado y aun así cansado me sentí feliz, chis. Me sellaron el pasaporte y me dijeron bienvenido.

Agarré un bus hasta el centro, desde donde caminaría hacia el hostal. En el trayecto me decepcioné. Vi basura en las calles, canales con aguas hediondas, comercios desordenados y ambulantes. La cara de mega cuidad fue llegando de a poco cuando el bus rodaba por la avenida presidente Vargas, comenzaron a aparecer edificios, calles amplias y gente enchaquetada. Ese es el Rio que tenía en mi cabeza, el que aparece en las telenovelas y postales.

Teatro Municipal de Rio, de los más bonitos en América del Sur.

Una hora más tarde llegué a Cinelandia, el ahora centro financiero de Rio. Este es un lugar que ahora me sirve de referencia. Ahí está el teatro municipal, una joya arquitectónica inspirada en el palacio de la Ópera de Paris, el cine Odeon y la biblioteca nacional, que por cierto están reconstruyendo. Se llama Cinelandia porque allá por los años 30 ahí estaba lleno de teatros, bares, cines y restaurantes.

Estoy hospedado en Mambembe, una casa antigua hecha hostal en el bohemio barrio de Santa Teresa. Afuera de la casa están arreglando los rieles del Bondinho, un pintoresco tranvía eléctrico, tipo los de San Francisco (CA), que recorre únicamente este barrio y que pasa encima de los arcos de Lapa, el acueducto que hace unos 250 años servía para abastecer de agua a la ciudad.

Arcos da Lapa. Al fondo, en forma cónica, la catedral de San Sebastian

Hablar portugués de veras me ha facilitado todo en Rio. No me quiero imaginar aquí sin esa herramienta y aunque tenía miedo por el acento o la rapidez con la que hablan los cariocas todo ha ido muito bom, beleza.

Es apenas mi segundo día aquí y me está gustando, quizá demasiado. Hoy salí a descubrir la ciudad sin nada más que un mapa. Entre otros lugares fui a la catedral de San Sebastián, el patrón de Rio, y al Real Gabinete Portugués de Lectura, donde vi un ejemplar de “Os Lusíadas” una epopeya escrita en 1572 por Luiz de Camões. Lusíadas significa “los hijos de Luso”. La obra habla sobre el pueblo portugués y sus expediciones a Oriente.

Después me fui a buscar el Paço  Imperial, un famoso caserón donde en antaño vivían los gobernantes de Brasil y que ahora es un centro cultural con museo y cafetería. Rio de Janeiro es la segunda ciudad más grande de este país, solo después de Sao Paulo. Fue capital durante la Colonia, el Imperio y la ahora República. Es hasta 1960 cuando se nombra capital a la planificada Brasilia.

Paço  Imperial, se terminó de construir en 1743.

Tomando fotos estaba cuando escuché el jelengue de una manifestación. Una más en estos días en Brasil. Esta vez se trataba de unas 500 personas apostadas frente al Palacio Tiradentes, el Congreso de Rio, protestando en contra del Mundial. Decidí quedarme y tomar unas fotos.

Se trataba de funcionarios del sector cultural de Rio. Ellos, al igual que los sectores de Salud y Educación, exigen que no se reduzcan las inversiones y los recursos en esas áreas a causa de movilizar millones de reales para las obras de los “megaeventos” (Mundial -Junio 2014 y Olimpiada – Agosto 2016). Ellos gritaban: “Da Copa, da Copa, da Copa eu quero mais. Eu quero mais dinheiro para saúde e educação”.

A mí la Copa, o el Mundial, no me interesan mucho. Faltan 22 días para el partido inaugural y aquí lo que se escucha es que algunos estadios y aeropuertos aún no están listos. En Rio, lo que han visto estos ojitos chinos, es que aún están pintando los arcos de Lapa y reparando el Bonde de Santa Teresa, cosas que debieron estar listas con mayor anticipación.

"Abro mão" sí abrir la mano quiere decir eso: pedir dinero.